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análisis

Suárez, Neymar y Messi, en la icónica foto del tridente de 2015.

REUTERS / ALBERT GEA

Neymar y las encuestas

Jordi Puntí

En el plano estrictamente deportivo de los futbolistas de élite, el brasileño sigue siendo un gran jugador,

Pasan los días y Neymar todavía no sabe donde jugará la próxima temporada. Sabe donde le gustaría jugar, pero todo está por decidir. El viernes, en la presentación de De Jong como blaugrana -gran sonrisa- le preguntaron a Josep M. Bartomeu por el brasileño. El presidente, sin Pep Segura a su lado, dijo que no había nada, pero en lugar de abrirle las puertas del club para una segunda oportunidad, más bien dio a entender que no estaban del todo cerradas. La cautela era máxima, tratándose del Paris Saint-Germain.

Mientras no tengamos más pistas, las dudas sobre el destino de Neymar nos permiten comprender la distancia que separa hoy en día a los aficionados de los jugadores. Las encuestas sobre su posible retorno muestran que la mayoría de culés están en desacuerdo y argumentan razones sentimentales, que van del orgullo al despecho. En cambio, no recuerdo ni un solo jugador -del Barça o de otros clubes- que, cuando se le pregunta si es una buena opción, dude en afirmar que sí, y que Neymar haría más grande a esta plantilla. Es decir: en el plano estrictamente deportivo de los futbolistas de élite, Neymar sigue siendo un gran jugador, y es revelador que les resulte tan fácil ignorar lo que rodea a esta intriga, ya sea por razones económicas o emocionales. El gol manda, sin prejuicios.

Cuando los futbolistas no tenían un duro

La globalización de las últimas décadas ha alejado a los futbolistas de sus aficionados y llegará un día en que se convertirán en una ficción, sin contacto alguno con la realidad que les rodea. No hace mucho leí 'When Footballeres were Skint' ('Cuando los futbolistas no tenían un duro'), del periodista británico Jon Henderson. Corresponsal de Reuters durante media vida, Henderson ha sido testigo de los eventos deportivos más importantes de la historia de Inglaterra, y su pluma fue la primera en informar que el famoso gol de Maradona en el Mundial 86 fue en realidad “la mano de Dios”.

En su nuevo libro, Henderson recuerda que hasta 1961 los futbolistas ingleses tenían un límite salarial relativamente bajo, comparado con los contratos actuales, y entonces se dedica a conversar con esas viejas glorias del Leeds United, del  Manchester City, del Chelsea. Casi siempre domina un perfil parecido: el jugador que lo tuvo todo en sus manos, que vivió grandes momentos y atesora tardes memorables, cuando se retira vuelve a casa y vive una vida de pub y barrio, rodeado de amigos que un día olvidan que fue una estrella.

En el futbol actual, tan profesional, esa vuelta a la normalidad parece impensable. Solo las academias de fútbol o los proyectos como la Masia puede amueblar la cabeza de los futbolistas para el día en que ya no tengan fútbol en sus piernas. Con sus consejos, quizá los entrenadores todavía pueden ejercer ese papel de médium entre los dos mundos, entre la grada y el terreno de juego, pero cada vez les cuesta más dominar el aspecto personal de sus jugadores, su psicología si es que la tienen. Lejos quedan esos tiempos en los que entrenadores como Luis Aragonés o Arsenio Iglesias dirigían a sus equipos en chándal y zapatos de domingo, bien lustrados. Toda una metáfora.

Temas: Neymar