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El tablero político catalán

Nuevos liderazgos para Catalunya

MARIA TITOS

Nuevos liderazgos para Catalunya

Anna Cristeto

Ante el probable escenario electoral, los partidos deben lidiar con una imperativa renovación

El republicano Joan Tardà escribía hace unos días en este periódico que, cuando se conozca la sentencia del 1-O, emergerá con fuerza la necesidad de una convocatoria electoral en Catalunya que califica de insoslayable e imprescindible. Entre tanto, la mayoría de formaciones catalanas deberán construir o afianzar sus liderazgos.

Son muchos los que creen que la legislatura está agotada. Sin embargo, un eventual avance electoral de Quim Torra requerirá el plácet de Puigdemont, que elegirá el momento más propicio, es decir, aquel que le sitúe en una situación favorable respecto de su socio de Govern, ERC. La maniobra de JxCat en la Diputación de Barcelona es una buena muestra de ello. Han optado por pactar con el PSC, dejando de lado a los republicanos, a la inversa de lo que ocurrió en algunas alcaldías hace unas semanas.

Torra, por su parte, no se considera un presidente provisional, ni siquiera ante una posible inhabilitación por su presunta desobediencia. Su mandato quedará aún más debilitado si los presupuestos del 2020 no logran salir adelante. Muchas 'conselleries' expresan la dificultad de manejarse día a día con las cuentas del 2017. Una nueva prórroga sería el detonante para celebrar comicios antes de primavera.

Ante este más que probable escenario, las cúpulas de los partidos catalanes deben lidiar con una imperativa renovación de liderazgos. Si bien es cierto que siempre existe la posibilidad de potenciar nuevos perfiles, el horizonte electoral da un margen muy escaso para rodarse y ganar apoyos.

Descontento en el PDECat

El PDECat y JxCat tienen una ardua tarea por delante. La 'marca Puigdemont' demostró en las pasadas europeas que aún tiene pegada política y ninguna intención de ceder protagonismo. Finalmente no se celebrará congreso posconvergente este julio a la espera de dilucidar en otoño, consultando a los asociados, el proyecto político con el que algunos esperan reencontrar su identidad y recuperar la centralidad. La falta de una ruta de consenso ha desembocado en un descontento de dirigentes y alcaldes del PDECat con la dirección de Waterloo. Al final, quien acabe asumiendo el mando podrá marcar el rumbo del partido e imponer –si descontamos al expresidente- al candidato. Será entonces cuando vuelvan a sonar nombres como Laura Borràs, Elsa Artadi, Àngels Chacón o alcaldes que se podrían postular. ¿Y Torra? Nadie parece contemplar esa opción.

En ERC las aguas parecen más calmadas. Se elegirá en septiembre la nueva dirección del partido, siempre bajo la indiscutida batuta de Oriol Junqueras. Tanto el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, como el presidente del Parlament, Roger Torrent, se perfilan para el cargo. Aunque no hay nada decidido, su estrecha relación con Junqueras le ofrece a Aragonès algo de ventaja.

En el resto del arco parlamentario también hay liderazgos por construir. En Cs, la portavoz del Parlament, Lorena Roldán, ocupará probablemente el puesto de Arrimadas. Junto con Carlos Carrizosa, deberán afrontar el reto de emular el resultado histórico del 21D. Sin embargo, consolidarse puede llevar un tiempo. En el PPC, por su parte, sus cuatro escaños en el Parlament y sus resultados en europeas y municipales invitan a poco más que a replantear estrategias. En cambio, el PSC puede tomar aire gracias a que sus resultados electorales se van consolidando. El tándem Miquel Iceta con Eva Granados tendría buen encaje y podría repetirse salvo alguna novedad desde Madrid.

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Dentro de En Comú Podem, Jéssica Albiach parece cómoda en su puesto de portavoz, pero está por ver cómo se desenvuelven los 'comuns' en una campaña en que ERC deseará que orbiten en torno al eje autodeterminista. La CUP se abre ahora a formar parte del ejecutivo tras comprobar que su bloqueo institucional ha pasado inadvertido. A tenor de sus estatutos, Carles Riera no repetiría como candidato.

Desde la Moncloa deslizan la idea de que tras la investidura estarán abiertos a ciertos gestos con Catalunya, a la espera de nuevos líderes, desligados del unilateralismo, con los que establecer puentes. En Catalunya, los partidos con mayores opciones de gobernar deberán elegir entre retórica o pragmatismo, sin renuncias ideológicas. Existen ciertos lideratos en política capaces de generar en sus seguidores grandes dosis de emoción y seguidismo, por un tiempo al menos. Tras ellos, el problema es encontrar sustitutos que les igualen en carisma. Tal vez en esta ocasión se hallen lideratos sólidos que permitan encarar una nueva etapa política centrada en explorar soluciones, más que en personalismos que se deben superar.