Ir a contenido

EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Las aventuras de Inframan

Las aventuras de Inframan

Juan Carlos Ortega

Creo que deberían rodar una película de superhéroes realmente convincente. Las que ahora se hacen –también las que se hicieron antes– obedecen a necesidades ya pasadas. Nadie sueña ahora con que le defiendan en un atraco, ni mucho menos con que le hagan el inmenso favor de salvar a la raza humana de un enemigo poderosísimo. 

¿Con qué sueña la gente? Si hacemos caso a los libros más vendidos, la necesidad principal tiene que ver con la autoestima. Todo el mundo cree estar necesitado de confianza en sí mismo. Esto, dicho sea de paso, es una paradoja, ya que creer que estás bajo de autoestima implica estar convencido de que eres más de lo que tú mismo percibes, de lo cual se deduce que en realidad estás sobradísimo de autoestima. Pero no seamos tan quisquillosos y busquemos a un superhéroe moderno que ayude a la gente en su loco deseo de valorarse todavía más.

Nueva misión: la autoestima

¿Cómo debería ser ese ser poderoso? ¿Tendría que enviar ondas telepáticas para alterar el cerebro de la gente y así inyectarle confianza en sí misma? En absoluto. Las personas no funcionamos así. Por desgracia, lo que nos convence de que valemos mucho es ver a nuestro lado a otros que valgan todavía menos.

Por tanto, nuestro superhéroe tendría que ser un infrahéroe, un pobre hombre, o mujer, sin talento, sin gracia, sin belleza, sin ninguno de esos atributos que todos anhelamos. Este ser, al que podríamos llamar, Inframan o Infragirl, podría salir de su casa y, simplemente, ponerse al lado de la persona a la que desea ayudar. Al poco tiempo, el humano elegido empezaría a valorarse muchísimo, comparándose con el infrahéroe, diciendo cosas como: «Pues al lado de esta persona, yo sí que valgo». En cuanto nuestro héroe detectara que ha cumplido su misión, solo tendría que ir andando torpemente hasta situarse cerca de otra persona a la que deseara echar un cable.

Un gran éxito

Me lo imagino en el metro, en el autobús, recorriendo aceras, entrando en tiendas, cumpliendo la preciosa misión para la que el destino le ha llamado.

Incluso, en casos extremos, podría llegar a casarse con esa persona elegida. Imagíneselo. El pobre ser sin autoestima tendría la posibilidad de compararse, día a día, con un ser mediocre y así, semana a semana, mes a mes, aumentaría la fe en sus propios méritos.

Luego podría divorciarse del infrahéroe diciéndose: «Mi marido/esposa no estaba a mi altura. Yo sí que valgo». Y misión cumplida. A por otra aventura.

Las aventuras de Inframán/Infragirl serían un éxito asombroso en todas las taquillas del mundo. La humanidad soñaría con tener al lado a alguien así para compararse y salir ganando. Estar junto a Spiderman o a Ironman, no nos engañemos, provoca que te sientas una basura a su lado. El cine, si quiere éxitos mundiales, debería conocer el alma humana, rastrera y mezquina en ocasiones, y apostar por esa parte oscura que todos tenemos.

Desde aquí le pido a mi admirado Bayona que, después de dirigir 'El señor de los anillos', le eche un ojo a esta alocada idea.