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análisis

Las futbolistas de Holanda se conjuran antes de la semifinal contra Suecia.

Bienvenidas al negocio multimillonario del fútbol

Iosu de la Torre

Las jugadoras de Estados Unidos y Holanda rematan el penúltimo gran salto del fútbol, que no es otro que el del éxito con que se culmina el Mundial

La semifinal del Inglaterra-EEUU se ha vivido casi con la misma intensidad del Francia-Bélgica del año pasado en Rusia

Las jugadoras de Estados Unidos y Holanda rematarán este domingo el penúltimo gran salto del fútbol, que no es otro que el del éxito con que se culmina el Mundial de Francia. El impacto económico y mediático del torneo invita a concluir que los cánones del deporte más globalizado están cambiando radicalmente.

Bienvenidas al negocio multimillonario del fútbol. Se abre una puerta hacia la equiparación en la que colgaba el cartel del 'only men'. Si el fútbol femenino comienza a dar mucho dinero, como demuestra el entusiasmo de los grandes patrocinadores, llega la hora de que ellas acaben recibiendo una parte más suculenta del pastel. La senda, en cualquier caso, será larga.

Lo atestiguan las futbolistas estadounidenses. Suman años de reivindicación hacia la igualdad salarial con los argumentos de la consolidación del 'soccer' en el país del baloncesto y el béisbol refutados con múltiples éxitos competitivos. Como Megan Rapinoe, la líder que no acudirá a la "puta" Casa Blanca para celebrar el título (si lo gana), muchas de las protagonistas de este Mundial son ejemplo de superación ante una sociedad (hombres y también mujeres) que vivía de espaldas al fútbol. La capitana de EEUU abandera la defensa de los derechos de las mujeres, los colectivos LGTBI y los negros con energías y convencimientos comunes a los que esgrime la delantera brasileña Marta Vieira da Silva cuando se niega a lucir publicidad en las botas porque no le pagan igual que un futbolista, o la interior zurda argentina Estefanía Banini abriendo espacios en un terreno acotado. 

Rapinoe abraza a Morgan la noche del 13-0 a Tailandia / LIONEL BONAVENTURE (AFP)

Rapinoe, De Silva, Banini y tantas más son hoy el referente de niñas y niños de muchos lugares. El cambio de mentalidad lo facilita esta chavalería que sigue con el mismo interés los partidos del Mundial que hoy acaba como la final de la Champions que ganó el Liverpool de Salah y Mané. Es difícil dar crédito a esta afirmación hasta que conoces a un alevín tan orgulloso de hacerse una foto con Alexia Putellas después de un Barça-Valencia como cuando aguantó tres horas de cola para lograr una captura con Ter Stegen tras un duelo con el 'youtuber' Robert PG.  

Las audiencias millonarias de este Francia 2019 reflejan un interés hasta ahora inexistente por el fútbol entre mujeres. Ha habido partidos para todos los gustos. Insolventes como muchos de los que se vieron hace un año en Rusia. Los análisis, como casi siempre, han dependido de que entrase o no en la portería el balón. Y también de la justicia caprichosa del VAR. La semifinal Inglaterra-EEUU (1-2), resuelta con un gol de Alex Morgan, animó la noche del otro martes con una intensidad muy parecida a la que desató el Francia-Bélgica que condujo a la coronación de Mbappé con un gol de Umtiti.