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El debate territorial

Manifestación de la Diada, a su paso por la plaza de Espanya, el 11 de septiembre del 2014.

FERRAN SENDRA

Plurinacionalidad

Gemma Ubasart

El modelo autonómico se ha agotado. El problema territorial no se solucionará cerrando muy fuerte los ojos, ni repitiendo argumentario a modo de tuit

Este miércoles se inauguró la XV edición de la Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya (UPEC), un espacio de formación y debate que se puso en marcha en el marco del primer Gobierno catalanista y de izquierdas por parte de intelectuales de la órbita de los tres partidos que integraron aquel Ejecutivo. En una de las sesiones, con Josep Maria Tresserras y Joan Botella, nos tocó el reto de hablar de los conceptos de federalismo, confederalismo e independencia.  

Siempre he pensado que el debate sobre la forma de organización territorial debe situarse en el espacio y el tiempo, para evitar hacernos trampas al solitario. En este sentido, pienso que el nudo gordiano de la cuestión en la Cataluya y la España del siglo XXI se encuentra en la definición del carácter nacional del Estado. Se sitúa en la esfera del reconocimiento. Solo habiendo afrontado este debate podremos preguntarnos por el arreglo institucional.

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Ferran Requejo decía que un país plurinacional es una colectividad política formada por dos o más naciones en las que buena parte de sus miembros aspiran a ser reconocidos como colectividades autogobernadas. El caso español encaja perfectamente en esta definición. Desde el fracaso de la construcción del nacionalismo español como hegemónico en la segunda mitad del siglo XIX (con el surgimiento de otros nacionalismos, los 'periféricos') España es plurinacional, como mínimo, de facto. 

Reconocer política e institucionalmente esta realidad puede resultar un buen punto de partida. Habrá seguramente otras visiones. Pero es necesario, para poder avanzar, ponerlas clara y honestamente encima de la mesa.

Si nos definimos como federales o confederales importará los apellidos que le pongamos al modelo. También si lo hacemos como independentistas resultará relevante explicar cómo imaginamos el marco de soberanías compartidas. El modelo autonómico se ha agotado. El problema territorial no se solucionará cerrando muy fuerte los ojos, ni repitiendo argumentario a modo de tuit. Tengamos la valentía para hacer frente al reto.