25 oct 2020

Ir a contenido

ANÁLISIS

Josep Borrell, nuevo responsable de Política Exterior de la UE. 

STEPHANIE LECOCQ (EFE)

Si Europa es democracia, hemos perdido

Jesús López-Medel

El pretendido equilibrio en el reparto de cargos en la UE no se guarda, salvo en la cuestión de géneros, y hay que hablar de vencedores y vencidos

El juego de la silla, como actividad sociocultural de niños, es más lógica y justa que el reparto de cargos en la Unión Europea. Los juegos de tronos y la teatralidad de aquí tras los comicios autonómicos y locales, se hacen mucho más relevantes cuando se trata de la distribución del poder en las instituciones comunitarias. Desde ahí se decide mucho para los estados.

El resultado es que el pretendido equilibrio --salvo el de géneros-- no se guarda y hay que hablar de vencedores y vencidos. En la batalla por quien ocupaba las sillas, dos ejes había teóricamente: el del peso histórico-territorial en la hoy UE (el denominado franco-germano) y el eje ideológico. El primero, mantenido formalmente, con los dos cargos más importantes, la presidencia de la Comisión Europea y la del Banco Central Europeo, en manos de dos mujeres, una alemana y otra francesa, se cumple.

Pero los estados que antes buscaban abrirse hueco entre las potencias europeas, apenas han conseguido algún cargo relevante. Para aquí se consigue uno que es el de encargado de Política Exterior. Pero eso, más allá del titular sanchista de "España ha vuelto", creo que el que vuelve, sin haberse ido, es Josep Borrell. Es de los dirigentes más sólidos de experiencia y convicciones. Su valor es personal como digno cargo con importante visibilidad y también como socialista aunque en cuestiones internas tuvo su momento convergente que le hizo ser bien valorado por la derecha.

Pero este equilibrio territorial entre los dos estados más potentes quiebra en el momento en que, en el actual marco político europeo, ese resultado es muy bien aceptado por los países con menos tradición y cultura democrática. Hungría y Polonia son ejemplos rotundos.

Pretensión divisoria

¿Y por qué es bueno para esos estados que integraban "la nueva Europa" en la pretensión divisoria, introducida en el continente por José María Aznar, proveniente de George W. Bush, con la guerra de Irak en eñ 2003, el mismo año de la incorporación en la UE en bloque de numerosos países recién salidos de dictaduras?

La respuesta, amigo lector, si ha logrado leer una pregunta tan larga, es que esos países están contentos con el reparto entre Alemania y Francia en la medida en que les permite seguir desplegando sus políticas regresivas, xenófobas y neofascistas. Porque los Estados de esas ex dictaduras en las que sobrevivieron raíces autoritarias (en España también subsisten) serían incompatible con la pertenencia a un club que dice tener entre sus ideales básicos los principios democráticos. 

Pero claro, ¿quién da aire a esos regímenes? La respuesta es importante: los grupos conservador y el liberal europeos donde se integran respectivamente PP Ciudadanos. Manifestación evidente es la actuación en España de estos partidos al hacerse con amplio poder local aceptando sin prejuicios el apoyo de una extrema derecha sin complejos llamada Vox.

¿Y qué queda de eso de la Europa de los Ciudadanos según el tratado vigente? Muchos votaron por más Europa y más democracia. El resultado es el contrario. Otro día hablaremos del Europarlamento.