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Discursos populistas

Imagen del líder del budismo tibetano, el Dalai Lama, de 89 años.

REUTERS

Etiquetando al otro

Lucía Etxebarria

El discurso del odio parte de reducir a la gente en una etiqueta: el homosexual, el judío, el migrante, el ecologista, la feminista... El otro, el que no es como nosotros. Es altamente peligroso y deberíamos aprender a desmontarlo

«Si viene una mujer dalái lama, entonces esa mujer debe ser muy atractiva, de otro modo no sirve de mucho», afirmó el dalái lama, que ya se ha disculpado por este comentario que hizo dos veces, dos, en dos entrevistas distintas. Pero, de momento no se ha disculpado por el comentario xenófobo de que Europa debe ser para los europeos. Estos comentarios nos muestran lo peligroso que es un marco mental. Uno piensa budismo-Richard Gere-progresismo-gauche caviar-buenrollismo y no se para a pensar que son numerosos los monjes budistas tradicionales que lanzan mensajes xenófobos contra los musulmanes. Porque, al fin y al cabo, cada persona es una persona y una etiqueta no puede definirla.

Lo mismo sucede con Christine Lagarde. Ya nos la han etiquetado como una ultraliberal a favor de las medidas austericidas, y entonces la vemos como xenófoba y machista. Porque si es liberal en lo económico (ergo, de derechas), debe serlo. Pero es que ese truco de «tienes que ser de derechas o de izquierdas y no se puede ser feminista o antitaurino de derechas o machista de izquierdas» es de un reduccionismo aterrador. Lagarde ya dijo,  como directora del FMI, que la única manera de salvar económicamente a Europa era favorecer la inmigración, que España necesita cinco millones de inmigrantes si en el futuro quiere salvar las pensiones y que la economía europea necesita medidas de discriminación positiva a favor de las mujeres en la empresa. Chúpate esa, Pablo Casado.

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La maniobra de distracción respecto a Madrid Central consiste ahora en decir que todos los que estamos a favor pertenecemos a la izquierda radical, como si el querer que nuestros hijos tuvieran salud fuera algo privativo de un espectro político.

El discurso del odio parte de reducir a la gente en una etiqueta: el homosexual, el judío, el migrante, el ecologista, la feminista… El otro, el que no es como nosotros. Es un discurso populista pero muy efectivo. También es altamente peligroso y deberíamos aprender a desmontarlo. Cada persona es más que una etiqueta.