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Periodistas descansan esperando el final de la reunión de los líderes europeos en Bruselas.

Periodistas descansan esperando el final de la reunión de los líderes europeos en Bruselas. / EFE / OLIVIER HOSLET

El eje francoalemán vuelve a controlar el poder institucional de la UE. Aunque durante las últimas 72 horas hemos vivido el espejismo de la politización europea, finalmente Paris y Berlín han vuelto a tomar las riendas del proyecto. El poder político y el poder económico se quedan en las manos de dos mujeres, la ministra de Defensa alemana, Ursula Von der Leyen, y la actual directora del FMI, Christine Lagarde, ambas del PPE. Se aumenta la presencia de mujeres en las instituciones, pero, ojo, no se feminizan ni se regeneran, recordemos las causas abiertas contra Lagarde.

El resto de los puestos queda dividido entre socialistas y liberales al 50%. Los socialistas tendrán en sus riendas la representación exterior de la UE con Josep Borrell, los liberales con el belga Michel presidirán el Consejo Europeo y entre los dos gobernarán el Parlamento Europeo. Conclusión, los liberales ganan a costa de los populares y los socialistas se quedan como estaban. Excelente resultado para liberales y populares, y muy malo para los socialistas. La paradoja de todo esto es que, durante la mayor parte de las negociaciones, que hemos podido seguir casi al minuto gracias a la fantástica labor de los corresponsales en Bruselas, parecía que el papel de los Estados estaba siendo relegado por el de las ideologías de los grupos políticos

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Con esta decisión, el acta de defunción del sistema del 'spitzenkandidat' es ya una realidad con todo lo que representaba democratización del entramado institucional europeo. Sin duda la decisión adoptada es un duro golpe contra aquellos que demandaban más Europa y más democrática.  En la negociación, a priori, los países de Visegrado han sabido jugar bien sus cartas y no han parado hasta llegar a un acuerdo con Alemania. No querían ni a Timmermans por los procedimientos abiertos contra Hungría y Polonia en materia de Estado de derecho; pero tampoco han apoyado a Webber, pese a que este fue el candidato de Orban en la interna del PPE.

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El siguiente paso procedimental es la aprobación de lo acordado en el Consejo por los eurodiputados. El Parlamento, ya constituido, espera. Durante la votación de aprobación de los 'top jobs' que tendrá lugar en la cámara es dónde veremos si el sistema político de la UE funciona o no. De los grupos parlamentarios depende que el proceso de 'spitzenkandidaten' termine su andadura, devolviendo el poder a los Estados, y también en manos de los eurodiputados está la ratificación del socialista búlgaro Stanishev, acusado de corrupción, como presidente del Parlamento. Será, por tanto, en esta votación donde podremos ver si la única institución elegida directamente por los ciudadanos reivindica su legitimidad democrática o, por el contrario, prefiere ceder ante la decisión de los Estados. Pase lo que pase más pronto que tarde tendrán que rendir cuentas ante un electorado que a estas alturas ya no sabe para qué ha ido a votar.

Así, tras la decisión adoptada por el Consejo Europeo, queda enterrada la ilusión de más Europa y regenerada democráticamente. Veremos qué sucede en el Parlamento Europeo, pero todo parece indicar que, una vez más, estamos sumidos en el gatopardismo, justamente lo que a toda costa había que evitar.