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Dos miradas

Un niño en una escuela.

JOAN PUIG

Lengua enferma

Josep Maria Fonalleras

Decir que la lengua catalana vive unos momentos críticos no es ninguna exageración, aunque siempre habrá quien piense que esta postura (se contempla como una postura y no como una evidencia, como si se pudiera elegir, como si fuera una contingencia, es decir, una posibilidad, y no una certeza) es desorbitada. Entonces, se ponen sobre la mesa datos positivos o niveles de aprendizaje o números que, en apariencia, certifican la vitalidad. Y todavía hay quien hace hincapié, con malicia, en la supremacía y la intolerable imposición del catalán, en el desprecio de la lengua castellana. Esa "lengua enferma, patria mía", que dijo el poeta Comadira, se está deshaciendo, se diluye, se hunde, digan lo que digan.

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Una entidad privada, Plataforma per la Llengua, acaba de anunciar que solo el 14'6% de las conversaciones en el patio de los alumnos de ESO en zonas urbanas son en catalán. Hay quien se ha escandalizado. "Ahora espían a los chicos", he leído. O "¿y qué pasa si es así?". No han visto en este termómetro la certeza de una dolencia sino el aviso del totalitarismo. No espían, son datos de un estudio estadístico. Y no pasa nada, es cierto. Solo que el mundo que conocíamos está desapareciendo. Nada.