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EL PAPEL DEL PP Y Cs

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y el del PP, Pablo Casado, el pasado marzo, en Madrid.

EFE / EMILIO NARANJO

Juguetes de la ultraderecha

Rosa Paz

La frivolidad del PP y la disimulada desaprensión de Cs los ha colocado en manos de Vox

Que el PP se aprestara a pactar con Vox no fue ninguna sorpresa. Al fin y al cabo la mayoría de los dirigentes ultraderechistas provienen de las filas populares, en las que compartieron militancia con Pablo Casado durante el liderazgo de José María Aznar. Vox podría entenderse como una escisión del PP, y Casado -el líder de "la derechita cobarde" en palabras del ultra, Santiago Abascal- podría buscar en esas alianzas no solo afianzar su poder en ayuntamientos y autonomías -que también-, sino abrir a los hijos pródigos las puertas de la casa común de la derecha. Así que el PP no tiene reparos en pactar con Vox, sea por pragmatismo, por ideología o por una determinada visión de un futuro compartido.

Lo de Ciudadanos es otra cosa. Saltó hace pocos años de la esfera catalana a la española con una promesa de regeneración democrática y una definición liberal de su formación, que, entonces, hacía impensable un posible pacto con la extrema derecha. Ya se sabe que ellos niegan las alianzas con Vox, como el que quiere ocultar un elefante que ha aparecido en medio del salón. Pero el mastodonte está ahí y a nadie se le escapa que los pactos de las tres derechas son pactos a tres, no de Cs con el PP y del PP con Vox, sino de los tres, porque sin los votos de los radicales los candidatos del partido de Albert Rivera no podrían estar en los gobiernos municipales y autonómicos. Los de Andalucía o el de la corporación municipal de Madrid, entre otros.

Esa deriva de Cs, impulsada por el exacerbado personalismo de Rivera, es la que ha elevado a la ultraderecha de anécdota a categoría, la que la ha blanqueado políticamente y le ha entregado la llave de la gobernabilidad de numerosos ayuntamientos y comunidades. Lo dice Manuel Valls, que fue el elegido por Rivera para competir por el Ayuntamiento de Barcelona y que ha salido tarifando: se debería haber puesto un 'cordón sanitario' para bloquear a la extrema derecha, pero Rivera no quiso y acabó por ponerles ese veto a los socialistas. No obstante, su decisión de no frenar al nacional populismo y la negativa a apoyar directa o indirectamente al PSOE le está saliendo cara, ha provocado una grave crisis interna en Cs y ha suscitado que le lluevan severas críticas y no menos implacables presiones para que cambie de actitud política.

Violencia intrafamiliar

Y de aquellos polvos, estos lodos. La frivolidad del PP y la disimulada desaprensión de Cs ha colocado a esos dos partidos -y de rebote a las instituciones que gobiernan- en manos de Vox. Como ocurre ya en Andalucía, cualquier medida que quieran aprobar, empezando por los presupuestos, pasará por aceptar las condiciones ideológicas de la extrema derecha. Violencia intrafamiliar en lugar de violencia de género, por poner uno de los muchos ejemplos que se vienen a la mente. Serán juguetes en manos de la ultraderecha, tanto si cumplen el compromiso, desvelado por Vox, de formar con ellos gobiernos de coalición como si les acaban arrojando a la oposición. En cualquier caso necesitarán sus votos.