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IDEAS

Una imagen de la serie ’Years and years’.

Los años que vendrán

Mónica Vázquez

La distancia es un vicio que nos deforma lentamente. Como el tabaco: mitad droga mitad costumbre, todo empieza por una calada de autocomplacencia. Una bocanada de distancia que te deja respirar porque sí, es horrible lo que está pasando en la otra punta del mundo, y sí, es aterrador lo que están haciendo los políticos, pero ¿qué puedo hacer yo? Ponemos tierra de por medio y dejamos pasar el mundo y la vida entera. La distancia no es física, sino emocional.

La distancia a la que nos hemos vuelto adictos se hace cargo de todo el peso emocional

Quizá por eso nos gustan las películas de futuros lejanos que jamás llegaremos a ver. Nos entretiene ver el derrumbe de la humanidad, ver cómo se retuercen civilizaciones perdidas, con más miedos que noches. La ciencia ficción nos permiten juzgar el mundo sin tener que pensar demasiado en nuestras vidas. La culpa, de haberla, nunca es nuestra sino de ‘la humanidad’. La distancia a la que nos hemos vuelto adictos se hace cargo de todo peso emocional.

Y he ahí la maravilla de esta nueva serie de HBO. En ‘Years and years’ no hay distancia. Alguien decidió bajar a tierra el espíritu de ‘Black mirror’, darle contexto histórico y metérnoslo en casa, contándonos la vida de una familia inglesa en el presente y en un futuro inmediato. Los personajes, atrapados en su circunstancia, observan aterrados cómo el mundo deja de tener sentido, arrastrando consigo al espectador porque ‘Years and years’ es mañana; es la historia que nos espera si no aprendemos a mirar, si continuamos anestesiados a la realidad. Es la historia de cómo un sistema se corrompe, el desgaste que viviremos nosotros, adictos a idealizar nuestra decadente verdad. Nosotros, que normalizamos el horror y hacemos de lo más mísero de la condición humana puro entretenimiento. Nosotros, que caminamos por la vida vacunados de humanidad, una pequeña inyección de empatía vacía para distanciarnos de la realidad.

Pero así somos, y así será. Drogados de ficción, no veremos llegar nuestro propio final. Pero sí podemos hacer palomitas, ver ‘Years and years’ y adelantarnos el dolor de los años que vendrán.