25 nov 2020

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ANÁLISIS

Trump muestra la orden ejecutiva de las nuevas sanciones contra Irán.

MANDEL NGAN (AFP)

Trump rompe de nuevo las reglas del juego

Georgina Higueras

En el mundo virtual que se ha creado Trump como salvador de Estados Unidos no existen los acuerdos internacionales firmados por Washington. El presidente se ha descolgado diciendo que no tiene que proteger el estrecho de Ormuz porque EEUU es ya el mayor productor de energía y no necesita abastecerse en esa zona; que paguen los que compran gas y petróleo en el golfo Pérsico. Se olvida, tal vez intencionadamente, de que los petrodólares siguen manteniendo la fortaleza del billete verde y por ende la economía de su país.

Arabia Saudí se comprometió en 1974 a vender su petróleo exclusivamente en dólares de EEUU a cambio de que ese país se encargase de la protección militar de los campos petrolíferos. Al año siguiente, los países de la OPEP se sumaron a la oferta con distintas variantes -como invertir el excedente de los ingresos del petróleo en deuda de EEUU-, de manera que el precio quedó establecido en dólares. En plena guerra de Vietnam, la Reserva Federal solo tenía que enchufar la impresora para impulsar el crecimiento norteamericano. 

El excongresista republicano Ron Paul sostiene que a falta de un patrón oro, lo que mantiene el valor del dólar, aunque oficialmente no esté referenciado al petróleo, es precisamente el llamado 'oro negro'. Según Paul, las guerras y los conflictos en los países productores de petróleo se generan para mantener la hegemonía del billete verde. Irán, Venezuela, Rusia y China la desafían. En el pasado, los dos dirigentes árabes que la pusieron en tela de juicio -Sadam Husein Muammar el Gadafi- fueron derrotados y lo primero que George Bush hizo tras ocupar Irak fue volver a dolarizar la economía de ese país, que había cambiado el dólar por el euro en el programa de Petróleo por alimentos (1996-2003), auspiciado por Naciones Unidas durante el bloqueo.

Trump y sus acólitos no pueden pasarse el día amenazando al mundo y reescribiendo la historia, porque antes o después el cántaro se va a romper y no habrá quien pueda recoger el agua. Brian Hook, el enviado de la Casa Blanca para Irán, ha anunciado que en la cumbre del G-20 que se celebra la semana próxima en Osaka se estudiará la creación de una coalición global para proteger a los cargueros de la inestabilidad reinante en el golfo Pérsico y supuestas acciones hostiles de Irán como las ocurridas en estas semanas. Podría ser una idea interesante si detrás de ella no se encuentra un intento de Washington de formar una gran coalición antiiraní.

Europa debe mantenerse firme en su postura de pacificar la zona y evitar un conflicto que salpicaría de lleno a los países de la UE, en su mayoría importadores de petróleo. Si Estados Unidos puede ahora exportar sus excedentes energéticos, debe hacerlo dentro de las reglas del mercado, sin empujones para situarse primero. Bruselas necesita encontrar en Washington un gobierno fiable con el que abordar los enormes retos que plantean la tecnología, el cambio climático, la desigualdad y el envejecimiento de las sociedades occidentales. Se puede pagar por la seguridad de los cargueros, pero sin mentiras, con todas las cartas sobre la mesa.