Opinión | Giro en la justicia
Gemma Altell
'La manada': condena ejemplarizante
La sentencia implica un giro importante ante el abordaje penal de las violencias sexuales, porque entiende la falta de resistencia de la víctima

Concentración ante el Suprempo / periodico
Parece que por fin el sistema judicial empieza a entender la naturaleza de los delitos contra la libertad sexual. Sin duda la violencia simbólica ocupa un papel en este y en la gran mayoría de delitos de violencia sexual.
Entender que una persona, mayoritariamente una mujer, cuando está sufriendo una agresión sexual utiliza como estrategia de afrontamiento la pasividad es fundamental para poder analizar y por consiguiente juzgar el delito. Desde una perspectiva psicosocial la superioridad y el potencial dominador del hombre (en singular y mucho más si es en plural) opera en el imaginario de cualquier mujer porque desde que tenemos uso de razón aprendemos que los hombres pueden ejercer violencia sexual sobre nosotras y la responsabilidad de protegernos recae en nosotras. El mero hecho de caminar solas por la calle de noche puede ser un factor intimidante; una referencia sexual no consentida en según qué contexto también puede serlo. Pero no es solo construcción social. La realidad confirma este imaginario. Las agresiones sexuales se producen y, afortunadamente, cada vez salen más a la luz.
En este contexto social no es necesaria ninguna fuerza para prever lo que va a pasar si cinco hombres te acorralan en un portal de noche. Ante esta situación, ante este miedo atávico el dilema psicológico suele ser: violación o muerte. Es por ello que la resistencia ante la agresión no puede ser un termómetro que mida su gravedad igual que tampoco lo es la violencia ejercida por el/los violadores. La violencia simbólica que hay detrás de este acto es mucho mayor que cualquier agresión física directa. Asimismo pedir resistencia a la víctima es pedir una heroicidad que pone la responsabilidad en ella y no tiene en cuenta cómo actúan los seres humanos ante las situaciones de peligro. Incorporar estas dos cuestiones en el análisis jurídico implica un giro importante ante el abordaje penal de las violencias sexuales. El reto será que esta sentencia marque un hito en el sistema judicial. Debemos dejar de hablar de abuso sexual ya.
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