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Editorial

Colau: de la investidura al gobierno

La alcaldesa encara la necesidad de forjar un acuerdo estable para trabajar durante cuatro años por la ciudad

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El Periódico

Colau, en el ayuntamiento, este viernes.

Colau, en el ayuntamiento, este viernes. / ALBERT BERTRAN

Ada Colau fue investida alcaldesa de Barcelona hace una semana, con el incómodo apoyo de Manuel Valls y una tensión con ERC difícil de prever durante la campaña electoral. Superado este episodio, acompañado de escenas de agresividad de ciertas bases independentistas en la plaza de Sant Jaume y discursos dolidos de sus dirigentes, llega el momento de forjar un equipo de gobierno con el grupo municipal del PSC.

En su entrevista con EL PERIÓDICO, Colau se manifiesta dispuesta a liderar un único gobierno municipal apoyado por dos fuerzas políticas que suman 18 concejales, una mayoría más cómoda que los 11 escaños con los que capeó la anterior legislatura. No dos gobiernos paralelos tras un reparto de carteras que consolide departamentos estancos. Deberá reconstruir una confianza dañada por la ruptura entre ambas fuerzas en los momentos más duros del ‘procés’. Tanto ‘comuns’ como socialistas tienen ejemplos recientes de los que huir (las luchas intestinas de las izquierdas en Madrid) y otros en que inspirarse (la colaboración leal de PSOE y Compromís en Valencia). También errores propios de los que aprender. Lo sucedido con el lazo amarillo en el balcón municipal parece indicar que ambos socios no dejarán esta vez que las exigencias de gestos simbólicos desde el independentismo, ante las que tienen sensibilidades diferentes, sirvan para dinamitar su colaboración.

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No sabemos cuál será la fórmula de colaboración que acaben estableciendo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Gobierno de España frente a la sintonía estratégica de la derecha y la extrema derecha. Por distinta que sea la que se ensaye en Barcelona, la coincidencia de estas dos experiencias de progreso debería ser una oportunidad para hacer realidad las políticas más ambiciosas a nivel local.

Ahora, a Colau y Collboni les deberían quedar por delante cuatro años de gobierno para concretar las políticas de vivienda, transporte público, lucha contra la contaminación y seguridad que no se culminaron en el primer mandato de la alcaldesa. Para ello será necesario el entendimiento del equipo de gobierno, con una mirada larga que ponga como prioridad los grandes retos de la ciudad. Pero también, a falta de tres votos para la mayoría absoluta, que esta visión generosa sea compartida, una vez enfriados los ánimos tras el convulso periodo poselectoral, por las otras fuerzas políticas que quieran trabajar por la ciudad en lugar de utilizarla como un nuevo frente abierto del ‘procés’.