LIBERTAD CONDICIONAL

Contra la 'operación biquini'

2
Se lee en minutos
Contra la 'operación biquini'

Luisel Ramos, de 22 años, se desplomó sobre la pasarela mientras desfilaba, por culpa de un paro cardiaco. Seis meses después, su hermana Eliana, de 18 años, también modelo, corría la misma suerte. No eran anoréxicas, se apresuró a decir la familia, "porque las vimos comer unas hamburguesas", "porque murieron de un paro al corazón". Y sin embargo, los médicos diagnosticaron en la autopsia "un cuadro de alimentación deficitaria".

Una anoréxica no es una mujer que no come. Una anoréxica es una mujer cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) se sitúa por debajo del 18,5 a causa de una alimentación deficitaria. Por supuesto, puede comer una hamburguesa. El problema es que quizá los siguientes cinco días no coma. Suelen fallecer por paro cardiaco porque el cuerpo, cuando le faltan nutrientes, recurre a alimentarse de sus propios músculos. Y el corazón es un músculo.

A los 30 años, Ana creía que ya no era anoréxica. Había estado ingresada. Volvió a casa. Empezó a comer. Ya comía. Entonces le diagnosticaron una eritromelalgia y un trastorno neurológico. Nadie se había dado cuenta de que Ana seguía siendo anoréxica. Porque su peso seguía por debajo del 18,5 de IMC. Porque comía, sí, pero muy poco. Porque "se cuidaba", decía ella. Porque estaba siempre a dieta. Y como le faltaba calcio, y potasio, y glucosa, su cerebro no podía establecer sinapsis neuronales, y por eso empezó a tener fallos de disfunción cognitiva. Fallos de memoria, de concentración. Pero ella no se identificaba como anoréxica. Por eso no se lo explicó al médico, y por eso los médicos no pudieron identificar el problema.

Ideas falsas

Mia creía que las bulímicas eran chicas jóvenes que vomitan lo que comen. Ana no sabía que una bulímica es cualquier mujer que siga un patrón de atracón-purga. O sea: ingesta desproporcionada de comida-restricción de comida. Mia se pegaba un atracón y luego se pasaba una semana prácticamente sin comer, haciendo la dieta de la alcachofa, o del pomelo, o de la piña, o de los batidos de proteínas. Y claro, después tenía tanta hambre que el cuerpo, desesperado, le pedía comida: nuevo atracón y nuevo inicio del ciclo. Así mantenía Mía su talla 40 a los 50 años. Pero se mantenía infralimentada. Hoy, Mia sufre una gastritis crónica, resultado de la dilatación gástrica aguda, por culpa de los atracones. Sufre sangrado crónico de encías, hipostasia (se desmaya a menudo por falta de potasio), hematemesis (vomita sangre), arritmias… Jamás se ha identificado como bulímica, por eso no se lo explicó al médico y por eso el médico no pudo identificar el problema.

Ana es anoréxica crónica y Mia es bulímica crónica, y este es un problema muy desconocido, el de los trastornos alimentarios de larga duración que pasan desapercibidos porque se legitiman. Es más, se ven como mujeres que "se cuidan".  Pero ni Ana ni Mia se cuidaban lo más mínimo y ahora ambas se enfrentan a problemas muy serios y que se han cronificado.

Noticias relacionadas

Nuestro cuerpo es para amarlo. Nuestro cuerpo no es un negocio para gurús de las dietas. Seamos más críticas, capaces de ver que existen otras realidades: un gran paisaje con tanta diversidad como mujeres hay en el mundo. Incluyamos el concepto de vida sana y comprendamos que las dietas absurdas nos matan. Digamos no a la operación biquini y abracemos un proyecto de por vida: educar al cerebro para no machacar al cuerpo. Ámate a ti misma y, por favor, si al leer estas historias te ves representada a ti o a alguien cercano, contacta inmediatamente con un médico.