ANÁLISIS

Jordi Cuixart y Carme Forcadell, en el banquillo del Tribunal Supremo durante el juicio del ’procés’.

POOL / J.J. GUILLEN

Lo volverían a hacer

Astrid Barrio

En su alegato final en el Tribunal Supremo Jordi Cuixart afirmó que lo volvería a hacer. Días más tarde el 'president' Quim Torra hacía suyas esas palabras en la sesión del control al gobierno en el Parlament y reivindicaba la unidad de acción del independentismo. Y posteriormente la portavoz del Govern Meritxell Budó avalaba de nuevo la idea de la reiteración, aunque a preguntas de los periodistas que requerían mayor concreción, solo acertaba a responder que, a la espera de recuperar la unidad estratégica del independentismo, y se sobrentiende, de acordar una nueva hoja de ruta, que el ‘lo volveríamos a hacer’ quiere decir que el Govern está comprometido con el derecho a decidir y con la defensa de los derechos democráticos de los ciudadanos.
Pero a pesar de la indefinición el “lo volveríamos a hacer” amenaza con convertirse en el nuevo mantra del independentismo. Aunque a diferencia de algunos de los mantras anteriores, como el eufemismo del derecho a decidir o como la falsedad del somos el 80%, el “lo volveríamos a hacer” puede resultar verdaderamente polisémico en función del relato que uno crea.
Si uno se cree lo que la mayoría de las defensas han tratado de demostrar durante el juicio el “lo volveríamos a hacer” quiere decir realidad ‘volveríamos a no hacer nada’ porque según han tratado de demostrar por activa y por pasiva los líderes independentistas no hicieron nada. No malversaron caudales públicos, no instaron ni participaron en la preparación del referéndum, no lo ejecutaron y la declaración de independencia surgida del mandato de un referéndum si no externalizado claramente privatizado, fue meramente simbólica al carecer de efectos jurídicos.
Si en cambio uno se cree el relato de la fiscalía, de la abogacía del estado y de la acusación particular el “lo volveríamos a hacer” quiere decir aceptar que los dirigentes independentistas llegaron hasta el final en su compromiso político de celebrar un referéndum diseñándolo, llevándolo a cabo e implementando los resultados, lo que implica reconocer que desobedecieron y que como mínimo malversaron aunque resulte más difícil mantener que hubo sedición o rebelión, probablemente por la ausencia de la violencia aunque no de intimidación. Es decir arriesgaron y estaban dispuestos a pagar por ello.
Lo paradójico del caso es que el ‘lo volveríamos a hacer’ solo adquiere la épica y el significado buscado por quienes lo afirman si se asume el relato de las acusaciones, ese mismo relato que el independentismo, sus abogados y sus medios afines no dejan ahora de tratar de desmentir en pro de una absolución. Porque si lo que se asume es el relato de las defensas el ‘lo volveríamos a hacer’ pierde toda la heroicidad, implica afirmar que se volverían a hacer cosas que en realidad no se harían y todo queda reducido nuevamente a la mentira. Y como suele decirse, la primera vez que a uno le engañan la culpa es del embustero pero la segunda es culpa del engañado por crédulo.