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ANÁLISIS

Neymar, en el banquillo del Parque de los Príncipes en el partido del PSG ante el Mónaco.

AFP

Neymar y el deterioro de la reputación

Albert Guasch

No resulta sorprendente que Neymar tenga enormes ganas de volver al Barça, y colapsaría de mensajes suplicatorios si fuera preciso el grupo de Whatsapp que comparte con Messi y Luis Suárez, ese que llaman ‘Los tres sudacas’. El PSG ya no es el oasis dorado rendido a sus pies que imaginaba. Mbappé le ha arrancado los galones; Al Khelaïfi, amo del club parisino, se ha hastiado de sus veleidades, y la liga francesa no da más de sí.

Resultaría extraño que la directiva del FC Barcelona compartiera la necesidad del brasileño. Ya no se trata de evocar las llamas aún no apagadas por el desplante de su huida. Neymar atesora un deslumbrante juego de pies, pero su trayectoria se ha ido convirtiendo con los años en un espectáculo de tabloide poco edificante. No hace falta exponer la lista. En un club obsesionado por la proyección de su marca, su incorporación presenta de entrada problemas reputacionales de consideración.

Como Ronaldinho

El delantero se asemeja cada vez más al Ronaldinho que malgastó su talento sobre las camillas de los vestuarios del Camp Nou que al propio Neymar que destelló al inicio de su carrera. Sus lesiones constantes, además de su caprichoso comportamiento fuera de los terrenos, le convierten en una incógnita más que en una certeza. No satisface ni las actuales exigencias del presentismo que parece imperar alrededor de la entidad.

Josep Maria Bartomeu tampoco le conviene seguir alimentando la leyenda de que se pliega reiteradamente a los deseos de los jugadores, en particular de los dos amigos. La nueva contratación de Neymar se leería inexorablemente en este sentido. Tendrá Messi su opinión, como Suárez, ambos la han manifestado, como tantos otros futbolistas del vestuario azulgrana. Está claro que Neymar dejó más amigos dentro que fuera de la caseta. Pero los costes parecen excesivos en demasiados niveles. No solo económicos.

Después de los distintos pulsos embarrados con el PSG en los últimos años, una intensa negociación con el jeque catarí debe apetecerle a Bartomeu tanto como otra noche aciaga en Anfield. Nunca se han entendido las dos partes. Hay más distanciada enemistad que corta cordialidad. Pero esto es fútbol, fútbol moderno, y todo es posible, hasta lo más alocado. Aun así, en términos de posibilidades de incorporación, pese al ruido ambiental que ahora genera el brasileño, Griezmann todavía golea a Neymar. No todo el mundo se felicita por ello. El francés también genera sobrados anticuerpos, aunque igual no se tenga en cuenta.