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LA CLAVE

Carles Puigdemont, por videoconferencia, en un acto de campaña el pasado 21 de mayo.

EFE / DAVID BORRAT

Estrés postraumático

Luis Mauri

Albert Rivera es martirizado en el potro en una mazmorra de Madrid mientras la división en la larga familia posconvergente amenaza con quebrar el bloque independentista en Catalunya

Sánchez Iglesias constatan sus discrepancias, pero siguen viéndose en la Moncloa. El presidente tiene un ojo puesto en el líder de Podemos y el otro en una mazmorra cercana, en Alcalá, la sede de Ciudadanos, donde Rivera es martirizado en el potro. Poderosos patrocinadores, fundadores ilustres como De Carreras, aliados europeos como Macron y socios fugaces como Valls se relevan en el torno y amenazan a Rivera con la dislocación si no retira el veto a Sánchez y lo dirige a la ultraderecha. El reo aguanta, de momento. Entre tanto, Casado asegura con Vox el fuerte institucional donde piensa resistir el invierno. Las tormentas azotarán tarde o temprano en el PP tras el doble descalabro electoral.

Madrid se afana en estas aflicciones, mientras en Barcelona (y en Waterloo) ya se calientan de nuevo las máquinas electorales. El ciclo no terminó el 26 de mayo, que las brumas estivales no confundan a nadie. No concluirá, ni en Catalunya ni en España, hasta las autonómicas catalanas, después del veredicto del Tribunal Supremo.

Tres factores caudales marcarán estas elecciones. Uno, la sentencia del 1-O.  El grado de severidad de los jueces incidirá en el nivel de cohesión y movilización del secesionismo. Dos, la guerra entre ERC y JxCat por la hegemonía. Una victoria irrefutable de una de ambas facciones podría contribuir a desinflamar el campo independentista. El interminable torneo de rigorismo perdería sentido.

El arma de Puigdemont

Tres, la división en la órbita posconvergente. El estrés postraumático tras el 1-O y la DUI es elevado. Pese a la aversión genética de los hijos de CDC al choque en campo abierto, moderados como Pascal Campuzano, ambos purgados por Puigdemont, amenazan con una escisión opuesta al unilateralismo. El propio Mas intenta mediar y serenar al hombre de Waterloo. Pero este empuña un arma formidable: nadie en su partido cotiza como él en las bolsas emocional y electoral. Junqueras probó en sus carnes esa arma el 26-M.

En paralelo, exaltos cargos de CiU están siendo tentados para confluir en un nuevo artefacto catalanista no independentista con el respaldo de Valls. Atención a ambos experimentos: si cuajasen podrían agrietar el bloque independentista.