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Análisis

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 7 de mayo en la Moncloa. 

DAVID CASTRO

Moderación

Javier Aroca

Es la palabra que empieza a abrirse paso, la pronuncian los que deben presentarse a la investidura, la tienen en mente el sentido común y, tal vez, esos poderes ocultos más sentidos cuando toca formar gobierno. Me gustaría pensar que no existen y sí un espíritu santo laico, algo debe haber y mejor que sea un espíritu.
Si la moderación es necesaria para conducir un país, eso parecen haber dicho los electores. Tras los resultados, sin embargo, unos han podido mejorar sus cifras, añadiendo moderación; otros, las han empeorado.
Pedro Sánchez, en un meditado repliegue de la primera fila negociadora y de la facundia, suma moderación; no pueden decir lo mismo, los miembros del club de la Plaza de Colón. Descontado PP y Vox, correspondería a Ciudadanos aportar esa dosis de moderación que todo país necesita para construir un gobierno, pero no. Ciudadanos abunda en su carácter estrafalario, gritón y, a veces, incluso gamberro.
Por eso, si el espíritu santo laico está buscando moderación, no encuentra a Albert Rivera. Es más, en su ficha figura el desprestigio creciente en una UE que desestima mucho la aproximación, no digamos amparar o facilitar la entrada de la extrema derecha en las instituciones.
Importante, no es solo simbólico. El nuevo reparto de poder en una UE 'postMerkel' y 'postBrexit', es una oportunidad para una mejor presencia política y económica que España no puede ignorar. Ciudadanos no es vista de buen grado en ese proyecto. Difícil para Sánchez contar con un socio potencial, tirado al monte en España y en Europa.
Podemos, consciente de su debilidad electoral y de su inestabilidad orgánica, con su líder cuestionado, representa hoy, también, una opción moderada, en comparación con la extravagancia sin remedio de los socios de Colón.
En esta observación general no parece caber otra solución que un gobierno en el que sus protagonistas principales sean los más moderados y, por ahora, lo son PSOE y Podemos. Tal vez a Podemos le perjudique su ansiedad, tal vez, al PSOE le beneficie su potencia táctica, incluida la amenaza de nuevas elecciones, pero llamar a un gobierno de coalición o de cooperación es tan solo un artefacto semántico.
El sentido común está preparado para un gobierno plural, con ministros o sin ministros, que se mire en el espejo portugués o en el Botanic. Las alternativas invocadas por el ministro José Luis Ábalos no son viables y sí negadas.

Nadie sensato de los que se apresuraron a proponer una alianza nacional con Rivera puede ya perseverar. Rivera se ha condenado y de camino ha condenado su participación en la moderación; ni siquiera está consiguiendo que los llamados a gobernar pierdan el sentido común y se embarquen en excesos .
Un gobierno de progreso es posible, Sánchez lo sabe, Iglesias, también. Nadie en el bloque de la derechas propone otra cosa que la agitación y la crispación. La incoherencia los encierra, su estrategia es solo empujar al ganador de las elecciones a los extremos mientras ellos, con su irresponsabilidad, lo fomentan. Habrá gobierno a pesar de ellos, pero habrá que sumar más moderación.