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Tras la constitución de los ayuntamientos

Colau, Collboni, Maragall y Valls, en la plaza Sant Jaume tras la investidura de Colau como alcaldesa.

ALBERT GEA (REUTERS)

Y ahora, sean alcaldes

Anna Cristeto

A los protagonistas de los pactos cabe exigirles que antepongan las necesidades de sus ciudadanos a estrategias guiadas en clave de 'procés'

Los ayuntamientos comienzan esta semana un nuevo mandato tras haber vivido en algunos casos plenos de constitución agitados, que sugieren que la legislatura no lo será menos. 

Barcelona acaparó los focos este sábado al renovar a Ada Colau como alcaldesa en alianza con el PSC y el apoyo de Manuel Valls para una investidura que en el Saló de Cent se vivió casi como un funeral, como relataron algunos de los presentes. Quizá tenga un punto de exageración, pero lo cierto es que la imagen de la plaza Sant Jaume, entre abucheos y consignas de independentistas, hacía olvidar aquel lejano ‘sí se puede’ de hace cuatro años. 

El independentismo recrimina con vehemencia a Colau una “operación extraña” o “de Estado” para lograr la alcaldía y, para evidenciar esta contradicción, comparte a diario en redes una entrevista hecha en campaña donde la alcaldesa rechazaba una derecha que tiene una visión diametralmente opuesta a la suya. Sea como fuere, Colau conserva la vara de alcaldesa posiblemente por sus dotes de equilibrista, cuando se declaró ni pro ni anti independentista. Sin novedad, claro está. Pero por mucha intención que tenga de colgar de nuevo un lazo amarillo en la fachada del consistorio, todo ello será insuficiente, casi trivial, desde la óptica de quienes aspiran a convertir la primera ciudad de Catalunya en capital de la República. 

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Sin embargo, esa misma incoherencia que predican de Colau por el asunto Valls también encaja -se acepte o no- en otros consistorios, como los recién formados en Figueres y Sant Cugat.  En ellos tuvo lugar una escalada de reproches de intensidad considerable, pero en esta ocasión entre fuerzas independentistas, donde unos acusaban a los otros de ser cómplices del bando del 155 y estos respondían con el 3%. ¿El motivo? En ambos municipios ERC se ha hecho con la alcaldía, desplazando así a JxCat y contando para ello con el apoyo del PSC y otras formaciones.

Los republicanos priorizan otros pactos lejos de Barcelona, al igual que el PSC, y se evidencia una vez más que en el tablero local imperan otras dinámicas que fisuran el bloque independentista. Lo cierto es que esa unidad que promulgaba el presidente Quim Torra días antes de las investidura ha caído en saco roto en algunos municipios y los de Junqueras han apostado por ganar músculo ante un más que posible horizonte electoral en Catalunya. 

En Santa Coloma de Farners -ahí, sí- se impuso la voluntad de Torra. Después de que JxCat llegara a un acuerdo de investidura con el PSC para relevar al alcalde de ERC, el 'president' de la Generalitat les contactó para exigir tanto a posconvergentes como a republicanos un pacto entre independentistas sin la participación de los socialistas. A pesar de que su operación funcionó in extremis, no logró evitar situaciones en el pleno que rayaron lo absurdo. 

En este juego de alianzas y contradicciones, no hay partido que pueda señalar a otro sin rubor. Tampoco el PSC,  que justifica su apoyo a los republicanos en ciertas localidades al tiempo que los rechaza sin ambages en la capital por considerar que Barcelona está por encima de todo.

Así que al desenlace de la capital catalana le podrán colgar el sambenito de operación de Estado, pero a los protagonistas de los pactos, gusten o no, solo cabe exigirles ahora que antepongan la agenda local y las necesidades de sus ciudadanos a los intereses o estrategias de partido guiadas, una vez más, en clave de 'procés'.