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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

La vida a ratos

La vida a ratos

Juan Carlos Ortega

Para ser humorista no hace falta dedicarse profesionalmente al humor. Chesterton lo era, y Cervantes y Mark Twain, pero casi nadie los definiría como humoristas. Lo mismo le ocurre a uno de los escritores más interesantes que existen ahora mismo en el mundo: Juan José Millás.
Acaba de publicar 'La vida a ratos', una novela en forma de diario. Cuando les decía que Millás es un humorista, quería darles a entender que este hombre me hace reír como nadie. A mí y a muchos otros.

En este libro cuenta sucesos que podría haber protagonizado Woody Allen en alguna de sus películas, e incluso en su propia vida. Un matrimonio que viaja en asientos diferentes en el tren porque no se quieren, y lo cuentan con tremenda naturalidad y sencillez.

Les escribo esto cuando faltan 10 minutos para que presente este libro en La Casa del Libro de Barcelona. Estoy sentado con un ordenador que amablemente me ha prestado una señorita, al decirle yo, angustiado, que se me había olvidado enviar el artículo de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA.

No obstante, les aseguro que tenía previsto escribir sobre Millás de todas formas, pero mi olvido ha sido un buen impulso para hacerlo.

El escritor 
cuenta sucesos 
que podría haber 
protagonizado 
perfectamente
el mismísimo 
Woody Allen

En una de las entradas del diario de Millás, un hijo le pregunta a su padre si le quiere. El padre, asustado, le replica si no está claro el amor que siente por él. El pobre chaval le dice que no, que está muy claro. «Es que si no está claro», le espeta el padre, «te lo aclaro con un par de hostias». Leer eso sin reírse es imposible.

Les decía lo del humor, y me siento un poco culpable por ello, porque intelectualmente tiene poco prestigio. Si yo les digo: lean la novela de Millás porque se van a reír, probablemente pensarán que es una obra menor. A fin de cuentas, reír es algo que se hace con la tripa y no con la cabeza. Pero yo les aseguro que Juan José Millás hace reír con todo el cuerpo.

Miro a la derecha y Millás todavía no ha llegado. El público que viene a verlo empieza a sentarse en la sala que La Casa del Libro ha habilitado para la ocasión. El gran escritor llegará en breve.

Y yo, probablemente, cuente a esta gente que, por haber quedado con él esta tarde para preparar la presentación, había olvidado completamente escribir este artículo.

Lean y compren el libro de Millás. Es humorista, sí, pero como Chesterton.