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la clave

Albert Rivera en una reunión del Comité Permanente de Ciudadanos.

JOSE LUIS ROCA

La importancia de llamarse Albert

Luis Mauri

La presión sobre Rivera para que deponga el veto a Sánchez y evite que el presidente dependa en exceso de Podemos y los independentistas va a alcanzar niveles extremos antes de la investidura, y después de ella

Lo primero es pagar las deudas. El título de este artículo es un préstamo del compañero Toni Sust y encierra una historia poco conocida sobre el liderazgo de Albert Rivera. Si se hubiese llamado Vicenç, Rivera no comandaría el partido naranja. No es un chiste incomprensible. Vean.

Ciutadans nació como partido en julio del 2006. Pese a su condición neófita, la discusión sobre quién dirigiría el partido fue enconada. Ya al alba, las diferencias parecían insalvables. Alguien propuso entonces nombrar a los dos máximos cargos por orden alfabético. Así se hizo, pero los dos apellidos pertenecían a dos enemigos irreconciliables. Vaya contratiempo. ¿Qué hacer? ¡Por el nombre de pila! Venga: Albert, presidente. Pocas veces el azar puro habrá tenido mayor impacto político.

Hoy, Rivera es un hombre en el filo de la navaja. Hace solo un año pisaba firme, era el político de moda, el aspirante favorito a la presidencia. Doce meses y quince días después de la moción de censura que aupó al socialista Pedro Sánchez, Rivera ha fracasado en el intento de sorpasso al PP,  ha propugnado un cordón sanitario contra la socialdemocracia y se ha asociado con la ultraderecha. El intenso brillo del filo de la navaja a veces ciega los ojos.

Cría cuervos

El esplendor que Rivera acariciaba hace tan poco con las yemas de los dedos se le resiste implacablemente. Sus decisiones estratégicas le indisponen con sus socios europeos y sus principales valedores. Emmanuel Macron ha amenazado con excomulgarle en Europa si no corta con Vox. Mientras, en el retrovisor asoma Manuel Valls.

La presión de Macron, con todo, no es el mayor tormento de  Rivera. El poder económico echa chispas por el bloqueo naranja a Sánchez. Si el presidente no dispone de más aliados posibles que Podemos y eventualmente de los independentistas, las políticas y la falta de estabilidad del nuevo Gobierno sin duda enervarán al dinero. Si Sánchez vislumbrara una alternativa para apoyarse a su derecha, la dependencia de Podemos sería menor. Elemental. El dinero, el mismo que ha regado el fulgurante crecimiento de Ciudadanos en los últimos años, no entiende que el pago sea la insolencia. Cría cuervos.

La presión sobre Rivera va a alcanzar niveles extremos antes de la investidura, y después de ella. Y ahí el azar tendrá poco que decir.