24 sep 2020

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La condición humana

Un grupo de jóvenes disfruta del atardecer en la playa de La Concha de San Sebastián.

EFE / JAVIER ETXEZARRETA

Somos felices

Carles Sans

No hay que olvidar que a cierta edad cualquier deseo es una urgencia que hay que acometer sin pensárselo dos veces

Hay un libro que en alguna ocasión ya he nombrado en esta columna, titulado 'Momentos de inadvertida felicidad', que contiene la entrañable y descriptiva mirada de Francesco Piccolo, su autor, en torno a aquellos fugaces momentos diarios que, según él, conforman la felicidad. El primer sorbo de una cerveza, el instante de entrar en una cama recién hecha, el suspiro de tranquilidad cuando has tomado asiento en un tren que creías perder, una comida con los amigos cuyo único fin es encontrarse y reír de cualquier cosa, son algunas de esas infinitas piezas que componen el puzle de una felicidad personal e intransferible.

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Según el momento vital de cada cual, la felicidad se sustenta en una cosa u otra. Precisamente, hace unos días, en una de esas comidas con buenos amigos surgió la recurrente conversación de lo que para cada uno representa la felicidad. La edad de quienes estábamos era elevada. Todos buenos profesionales, la mayoría retirados, ahora más interesados en vivir la vida que en preocuparse por ella. No hay que olvidar que a esa edad cualquier deseo es una urgencia que hay que acometer sin pensárselo dos veces. Si bien para ser feliz la salud es un elemento indispensable a cualquier edad, en la franja de los que tienen 60 o 70 años es fundamental. Voltaire le dio la vuelta diciendo que él había decidido ser feliz porque era bueno para su salud. Pero ¿estamos seguros de ser felices? Nunca lo estamos del todo; es más, en cuanto nos los preguntamos, muchas veces, dejamos de serlo. La felicidad es algo frágil, a veces la nuestra depende de la de los demás, hay quien en cuanto se entera de que un amigo pasa unas vacaciones más excitantes o disfruta de mejores perspectivas emocionales que él, se siente menos feliz. Así es la condición humana. A lo mejor es verdad aquello que dijo Pascal Bruckner acerca de que la felicidad, si no provoca celos, no es felicidad. Así que para cada cual es una cosa distinta, pero tal como dice la sabiduría popular, si con todo lo que tenemos no somos felices, con todo lo que nos falta tampoco lo seríamos.

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