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Turismo, arte y denuncia

Un crucero navega junto a la ciudad de Venecia.

Reuters / Stefano Rellandini

Tres barcos en Venecia

Núria Iceta

Exhibir como trofeo artístico y reclamo turístico el barco en el que sólo sobrevivieron 28 personas es una provocación que incomoda

Hace años que se habla del peligro de hundimiento de la ciudad de Venecia. Se habla en sentido literal por cómo ha subido el nivel del agua en la laguna, que está más contaminada y en la que ha ido entrando agua salada. Y se habla en sentido metafórico también por cómo el turismo está matando la gallina de los huevos de oro. Resulta que todos queremos ser al mismo tiempo los únicos privilegiados de un entorno idílico, y eso no es posible. La fractura medioambiental por los daños físicos que la industrialización y el paso de los grandes cruceros han producido en el fondo de la laguna, y la fractura del equilibrio demográfico y la expulsión de los mismos venecianos de su ciudad por el turismo son las principales amenazas.

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Desde 2012 el movimiento ciudadano No Grandi Navi lidera las protestas contra estas agresiones constantes. Por eso precisamente me he fijado en la coincidencia de tres barcos muy diferentes en la laguna estos días. Si tuviéramos que hacer caso de la jerarquía que han establecido los medios de comunicación para dar noticia de ellos, el primer barco sería el 'MSC Opera', un crucero de enormes dimensiones que chocó el pasado día 2 con un muro del puerto de San Basilio provocando cuatro heridos y un susto monumental de anticipación de lo que podía haber sido. El segundo barco es el que aparece en 'Venice in Oil', una de la sorpresivas apariciones del artista británico Banksy el día 22 de mayo en unas pinturas que combinan precisamente la irrupción de los enormes barcos en los canales de la ciudad a la manera de los míticos óleos de Canaletto (con un mensaje respondón de propina que denuncia que él nunca ha sido invitado a la Bienal de Arte).

Y en tercer lugar, el 'Barca Nostra', una de las instalaciones que exhibe la misma Bienal de Arte inaugurada el día 11 de mayo, la exposición del artista suizo Christoph Büchel del casco de un barco hundido en aguas libias al sur de Lampedusa con más de 700 migrantes en abril de 2015 y que fue recuperado por las autoridades italianas del fondo del mar al año siguiente. Fijaos que el orden cronológico de las noticias es el inverso.

A poco que creáis en las señales es posible que hayáis pensado como yo que tal coincidencia quizás nos esté tratando de decir algo. Exhibir como trofeo artístico y reclamo turístico el barco en el que sólo sobrevivieron 28 personas es una provocación que incomoda. Solo pienso que si el arte tiene también una función social de hacer reflexionar, hagámoslo, porque sino nos hundiremos, aún más, en nuestro propio ridículo.