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Análisis

La Cambra no es una anomalía

La Cambra no es una anomalía

Marçal Sintes

Es necesario, de entrada, que todo el mundo se tranquilice y asuma con normalidad la actual situación, Catalunya les necesita a todos cooperando lealmente

La conquista de la Cambra de Comerç de Barcelona por parte de la candidatura 'Eines de País', impulsada por l'Assemblea Nacional Catalana, pilló absolutamente por sorpresa a las grandes empresas acostumbradas a hacer y deshacer a su gusto. Daban por sentado y entendido que la Cambra era su casa, por lo que el resultado de las elecciones les dejó atónitas, desconcertadas. La primeras reacciones no fueron elegantes, sino fruto del enfado y el mal humor.

Es comprensible. La operación fue un auténtico 'blitzkrieg', una guerra relámpago, un golpe sorpresivo y fulminante. Impresiona el alarde de precisión y eficacia demostrado por Joan Canadell y compañía. Planificación perfecta, ejecución milimetrada.

Y bien, se preguntarán, me pregunto, ¿y ahora qué? A mi entender, la Cambra debe hacer sobre todo de Cambra. Esto es, ocuparse de representar a los empresarios catalanes, al conjunto de ellos, y alentar estrategias teniendo claro que modelo de economía se desea para la Catalunya del futuro. Los que dirigirán la Cambra son, ciertamente, independentistas. ¿Y qué? Gran parte del país lo es, entre ellos muchos empresarios, y una amplia mayoría de catalanes está a favor de un referéndum (aunque sea para descartar la independencia). 'Eines de País' no es una anomalía, una rareza, aunque algunos así lo quieran ver.

La cúpula de la Cambra debe establecer relaciones productivas con todas las patronales, amén de con el Cercle d'Economia y el resto de agentes. Y no debe despreciar, sino ponderar y considerar adecuadamente la importancia y trascendencia de las grandes compañías catalanas. 

La Cambra, y esto quien primero lo debería tener claro es Elisenda Paluzie, la presidenta de l'Assemblea, no es ni l'ANC ni Òmnium Cultural. En consecuencia, su energía y talento debe focalizarse en las empresas y en la economía. Ojo, no digo que nada tenga que cambiar. Al contrario, los nuevos dirigentes deben incorporar su visión sobre Catalunya a su estrategia, informando su actuación, pero no trastocar la naturaleza sectorial de la entidad.

Resulta cínico apuntar que ahora la política ha entrado en la Cambra y que por eso todo va a ir fatal. Señores: la política ya estaba en la Cambra. Lo que no les gusta a algunos es que los que ahora se estrenan tengan una sensibilidad distinta a la suya, que daban por descontada e inamovible.

Los que la han controlado desde mucho tiempo atrás, directivos de grandes empresas muy dependientes del gobierno y el regulador español de turno, también han proyectado su visión política -estatalista, anti-soberanista- al frente de la entidad.

Es necesario, de entrada, que todo el mundo se tranquilice y asuma con normalidad la actual situación. Catalunya les necesita a todos cooperando lealmente. En este sentido, personas del talante y posición de Sánchez Llibre pueden ayudar a tender puentes, aunque cometiera el desliz de exigir al independentismo que renuncie a la vía unilateral (que es, en realidad, pedirle renuncie a su ideal) como condición para que vuelvan las empresas que, en un análisis de riesgos que se ha demostrado erróneo, sacaron sus sedes de Catalunya.