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'Chernobyl'

'Chernobyl' nos enseña que la verdad está ahí, terca, y tarde o temprano rebrotará

Después de ver 'Chernobyl', la serie de HBO que explica la catástrofe nuclear como si fuera una historia de suspense y terror (porque fue una historia de terror y de suspense), hay dos percepciones que se imponen. Por un lado, la dificultad extrema de luchar a favor de la verdad cuando se ponen en juego el confort adquirido, el mínimo confort previsible, la filiación patriótica, el futuro profesional o el bienestar de los tuyos. Y, a pesar de todo, a pesar de las losas grises del poder, la verdad está ahí, terca, y tarde o temprano rebrotará.

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Como lo hizo de la mano de Svetlana Alexiévich en 'Voces de Chernóbil', un libro capital que está en el origen de la producción televisiva, aunque no se mencione. La premio Nobel dijo -y esta es la segunda percepción que retenemos- que en su visita a la zona entendió que aquello era otro mundo. Que todo parecía igual ("manzanas, pepinos, la leche"), pero que la sombra de la muerte se cernía sobre las cosas y las personas. "Ya no hablamos de un plan político, sino de algo superior, distinto; no se trata del ser humano en la historia, sino en el cosmos". Perdidos y desolados, con una desolación intensa, absoluta, sin asideros.