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Inmigración y depresión

Uno de los inmigrantes rescatados el 6 de enero del 2019 en un naufragio en el mar de Alborán.

ÁLVARO CABRERA (EFE)

Hoy llueve

Emma Riverola

Demasiado a menudo se trata a las personas migradas como si fueran capaces de superarlo todo

El día se ha levantado gris y resbaladizo. Escribo este artículo y la luz de la ventana me observa como si hoy no hubiera nada que celebrar. Es solo una mañana rebelde de una esplendorosa primavera. Una mañana tristemente repetida para los ojos de la depresión. Siempre con una sombra pegajosa pegada en la mirada. Nadie la ve. Pocos la entienden.

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En EEUUmiles de inmigrantes han sido detenidos y confinados en solitario durante más de 15 días. En decenas de casos, hasta un año en total soledad. Un informe del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación delata que, tras su liberación, padecían insomnio y depresión. En una muestra de desprecio o directamente de racismo, demasiado a menudo se trata a las personas migradas como si fueran capaces de superarlo todo o, más bien, como si apenas merecieran nada. Cobijo, comida, y ya basta. Pero la lucha diaria por la supervivencia, el compromiso con los que dejaron atrás, el dolor del pasado, los traumas de un viaje aterrador y la incertidumbre del futuro es un peso tan enorme como invisible. A veces, invivible… Los CIE siguen abiertos. Y no deja de llover.