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La consellera de la presidencia y portavoz del Govern, Meritxell Budó, este mediodía.

Andreu Dalmau (EFE)

La portavoz

Cristina Pardo

La portavoz del Govern, Meritxell Budó, es el último ejemplo de incompetencia y sectarismo al frente de una institución. No es la primera persona que ejerce el cargo de hacerse entender sin que nadie la entienda

La portavoz del Govern, Meritxell Budó, es el último ejemplo de incompetencia y sectarismo al frente de una institución. No es la primera persona que ejerce el cargo de hacerse entender sin que nadie la entienda. En su última comparecencia, ha tratado de impedir a los periodistas que formularan preguntas en castellano, salvo si eran una mera repetición de las que se habían planteado antes en catalán. “No hacemos ruedas de prensa paralelas. Si quieren hacer otras preguntas, las hacen primero en catalán y después las repetimos en castellano”, ha explicado. Budó, que en teoría es el nexo de unión o el hilo conductor entre la Generalitat y los medios, estaba tratando de esquivar cuestiones incómodas con un argumento lamentable: que su equipo le había dicho que esas eran las normas en la sala de prensa.

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Eso es mentira, nunca han sido esas, pero además, solamente aquellos dirigentes acostumbrados a moverse y medrar en la política con minúsculas, pueden tener una visión tan corta de la comunicación y de la labor periodística en tiempos de democracia. Budó lleva poco tiempo como portavoz. Eso es cierto. Sin embargo, entiendo que la eligieron para ese puesto porque tenía las cualidades necesarias. Es lo que debería pasar en cualquier empresa o grupo de trabajo medianamente serio. O no. Porque resulta que son dos los mensajes de Budó que han tenido cierta trascendencia en las últimas semanas.

El primero, que la posibilidad de que Ada Colau sea alcaldesa es “una operación de Estado” para aislar a los secesionistas y que eso exigiría “una respuesta de país”. El país soy yo. Y los pactos que no me gustan son antidemocráticos. El segundo mensaje de alcance fue anterior, cuando Budó trató de retorcer los números para asegurar que el independentismo había ganado en Barcelona, “aunque haya pasado de 18 a 15 concejales”. Y añadió: “Los números son evidentes, sí, pero el independentismo ha ganado. Ha ganado porque hay 15 concejales independentistas que son más que lo suman los otros grupos no juntos, sino mayoritariamente”. ¿Perdón? ¿Sumar tampoco se nos da bien? ¿A quién va a cree usted: a mí o a sus propios ojos? Las teorías numéricas de Budó contienen de golpe todos los errores que no debería cometer un portavoz: la mentira, la confusión y un empecinamiento propio únicamente de aquellos que lo fían todo a la posibilidad de que su interlocutor sea manso o estúpido.