21 oct 2020

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Análisis

La edad de la inocencia

REUTERS / RAFAEL MARCHANTE

La edad de la inocencia

Jordi Puntí

El Barça entra en la puja por un central de 19 años al tiempo que desconfía por sistema de los jóvenes de casa

Dos noticias recientes amenazan, por contraste, la salud mental del barcelonismo. Noticia uno: en la lista definitiva para jugar en el europeo sub-21 con la selección española no figurará ningún jugador del Barça. Ni siquiera Aleñá, que entraría por edad, ha pasado el corte entre los 23 jugadores que se lleva Luis de la Fuente. Tampoco es de extrañar, viendo los pocos minutos que ha tenido en el primer equipo. Ni quiero saber cuántos años hace que el fútbol base blaugrana estaba ausente de la selección española, pero es obvio que ante este dato alguien en el club sin duda debería sentirse avergonzado. Noticia dos: por decirlo a la antigua usanza, media Europa bebe los vientos por De Ligt, un defensa central que tiene 19 años y es el capitán del Ajax. Cuando hablan de sus cualidades, todo el mundo destaca su madurez y su personalidad en el campo, inusual dada su juventud.

Podemos discutir si el Barça debe entrar en la puja desmedida por De Ligt, teniendo en la nómina cuatro centrales (tres de ellos menores de 25 años), pero en realidad lo que nos debería hacer explotar la cabeza, como en esa memorable escena de 'Scanners' de Cronenberg, es la incoherencia que hay detrás de todo el asunto. Por un lado se desconfía del futbol base y se les dificultan las oportunidades a los jóvenes, peor luego se fichan otros jóvenes que, gracias a las oportunidades que les han dado otros entrenadores, resulta que han conseguido triunfar. Y, para más inri, como valores de un sistema de juego que es habitual en el Barça pero, según parece, no acaba de satisfacer al mánager general del equipo.

Sin la apuesta convencida por un estilo de juego que ampare las decisiones, todo parece siempre más improvisado

¿En qué momento los jóvenes están preparados para jugar en el primer equipo y con un ritmo de alta competición? La liga holandesa no es como la española, pero parece que las promesas del Barça vivan en una perpetua edad de la inocencia, resguardados de los peligros que acechan a quienes compiten al máximo nivel. La realidad es que solo se coge experiencia cogiendo experiencia, etcétera, y, como ejemplo, el de Cucurella este año en el Eibar. Entretanto, en la temporada en que echábamos en falta a Iniesta y Coutinho malgastaba una tras otra las oportunidades de Valverde, Riqui Puig paseaba su talento de 19 años por los campos de Segunda B. (Por cierto, De Ligt nació el 12 de agosto de 1999 y Riqui Puig, el 13 de agosto del mismo año: se llevan un día. Figúrense.)

Sin el convencimiento en un estilo de juego que ampare las decisiones, todo parece siempre más improvisado, a medio camino entre la ingenuidad y la incompetencia. Así, cuando entran en la órbita blaugrana, incluso esos jóvenes fichados de repente vuelven a una cierta edad de la inocencia: hay quien comenta ahora que Arthur Melo (22 años) ha hecho una temporada irregular, cuando ha sido el mejor jugador de Europa en porcentaje de pases. Las mismas voces que le critican son las que aconsejan al Barça que traspase a Busquets y a Suárez: periodistas clientelares, instalados en la edad de la malicia, que llevan media vida sin mostrar talento alguno y a ellos, sin embargo, les renuevan cada año.