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Al contrataque

Ada Colau, durante la noche electoral del 26-M.

FERRAN NADEU

Suerte para todos, Ada

Xavier Sardà

Creo sinceramente que todos tenemos una doble obligación: utilizar la libertad de opinión y de acción y, sobre todo y por encima de cualquier cosa, hacer posible la convivencia

Ada, lo primero que quiero recordar hoy es que escribí un artículo criticando algunas de tus decisiones. Me dijiste que era injusto y seguro que en parte tenías razón. Esto es propio de la relación entre los políticos y la prensa. Otra cosa, para mí completamente distinta, son los durísimos comentarios que estás recibiendo de los sectores más irreductibles del soberanismo y de la derecha española irredenta, que coinciden en intentar silenciar y neutralizar.  Son sectores, por suerte minoritarios, cuyo ideal es descalificar y desautorizar moralmente al adversario. 

Quizá las críticas más duras son las de los amigos 'indepes'. Amigos que no entienden por qué algunos tienen el mal gusto de no sumarse incondicionalmente al ‘procés’, y de reprobar además algunos de sus aspectos.  Qué sé yo si en este país el temperamento es más importante que las circunstancias, para decantarnos a uno u otro lado.

En otro sentido, hace un mes me entrevistaron para 'El Mundo'. Trescientos comentarios de lectores «acusándome» de independentista por haber visitado a Junqueras en Estremera. Independentista, porque en las tertulias en Madrid pido diálogo, comprensión y digo que no veo rebelión. Soy traidor. A dos patrias. Menudo negocio el de aquellos que no son categóricos, ni intransigentes.

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La ensayista americana Marilynne Robinson en su libro '¿Qué hacemos aquí?'  dice, refiriéndose a Estados Unidos, que «una sociedad avanza hacia un terreno peligroso cuando la lealtad a la verdad, se considera deslealtad a un interés supuestamente más alto. ¿Cuántas veces nos lo ha enseñado la historia?». Robinson, ganadora del Pulitzer y autora de varias novelas, dice que crear una historia que responda a la verdad sería un regalo de sensatez y claridad. «La gran libertad de conciencia sería la liberación de nuestro cinismo, convencionalismo y estrechez de miras».

Que nadie se excite, Robinson se refiere a EEUU. Tan lejos… ¡y tan cerca¡ La lectura romántica de la historia nos convierte en fanáticos del pasado y capitidisminuidos del presente. La historia se convierte en religión intocable y se va sacralizando.

Creo sinceramente que todos tenemos una doble obligación: utilizar la libertad de opinión y de acción y, sobre todo y por encima de cualquier cosa, hacer posible la convivencia. Es imposible ser partidario de la libertad de expresión y someter a escarnio 'ad hominem' al que no opina como uno. Suerte, Ada, y suerte para todos.