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A pie de calle

Bill Gates y el ministro George Osborn, ayer, visitando la escuela de medicina tropical de Liverpool.

DAVE THOMPSON

Siempre hay que agradecer

Pere A. Fàbregas

Deberíamos parecernos más al mundo anglosajón, donde la filantropía es vista con buenos ojos por el ciudadano

Amancio Ortega seguirá donando pese a las críticas recibidas de que la sanidad no puede depender de ningún millonario. El entorno del empresario español considera que sus donaciones buscan proyectos prácticos, con resultados inmediatos y que lleguen a mucha gente. Niegan que su objetivo, tal y como se les ha acusado recientemente, sea deducir impuestos ya que supone una cifra realmente anecdótica para el dueño de la multinacional. La sociedad avanza pero en algunos aspectos sigue anclada en viejos clichés que deberíamos erradicar, como el que dona debe ser por algún oscuro e inconfesable motivo. En este sentido, deberíamos parecernos más a las sociedades anglosajonas donde la filantropía es vista con buenos ojos por el ciudadano. Devolver a la sociedad una parte de lo que nos ha aportado es algo que allí constituye un principio de actuación.

En Catalunya, desde el 2003 se han doblado el número de donantes particulares. Hemos pasado de algo más de 300.000 a superar los 650.000, lo que representa prácticamente un 20% de la población que paga sus impuestos. Las donaciones han estado muy por encima del crecimiento económico. En el periodo 2003-16, el PIB catalán creció un 41%, mientras que las donaciones más de un 300%. Estas son algunas de las principales magnitudes que se desprenden del informe 'La filantropia a Catalunya' recientemente hecho público por la Coordinadora Catalana de Fundacions (CCF). El trabajo analiza la evolución en las donaciones de las personas físicas al IRPF, número de donantes, porcentaje, cantidades totales y media de aportaciones. 

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¿Deberíamos estar satisfechos? Como organización representativa del sector fundacional, los datos han de ser analizados con rigor, evitando la autocomplacencia. Y no es que no podamos reconocer los avances, sino que la lectura más profunda nos lleva a la conclusión de que queda mucho camino por recorrer. Si el 20% es un más que considerable porcentaje de la población que dona, concluiremos que el 80% restante no ha considerado oportuno hacerlo. 

Desde su creación, la CCF reivindica medidas legales que favorezcan e incentiven el mecenazgo. No en balde, la reforma fiscal del 2014 permitió que la donación media se duplicara ya que de los primeros 150 euros tenían importantes deducciones aunque como reconocen todos los expertos a diferencia de las organizaciones, las personas no piensan solo en términos fiscales sino también emocionales para decidir sus contribuciones. La evolución de la filantropía atiende a múltiples razones. Sin embargo, las tendencias nos indican que hay un retorno a las causas de proximidad, a aquello que vemos diariamente. Las causas nacen de una necesidad que tiene la sociedad, ya sean científicas, culturales o sociales. 

Soy consciente de que es una reivindicación recurrente pero debemos seguir insistiendo en que las condiciones fiscales son esenciales para el desarrollo de la filantropía en nuestro país. Ámbitos como la salud, la investigación, la educación o la cultura serían difíciles de imaginar.