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EN CLAVE EUROPEA

Donald Trump.

La UE, bajo la presión de Trump

Eliseo Oliveras

EEUU quiere alejar al Reino Unido del mercado europeo con un tratado incompatible con las reglas comunitarias

La falta de liderazgo claro y firme en Europa limita la capacidad de respuesta al unilateralismo norteamericano

El presidente norteamericano, Donald Trump, ha aprovechado esta semana su gira europea para seguir intentando debilitar la Unión Europea (UE) y haciendo oídos sordos al llamamiento del presidente francés, Emmanuel Macron, a recuperar el espíritu de Normandía para que EEUU y Europa actuaran juntos de común acuerdo. La nueva ofensiva de Trump se produce en un momento de ausencia de liderazgo claro y firme en la UE y con los gobiernos principales miembros debilitados por la contestación y la fragmentación política interna.

Además de los reiterados esfuerzos de la Casa Blanca para que el Reino Unido se distancie de sus socios continentales abandonando cuando antes la UE y para cultivar una relación privilegiada con los países del Este, EEUU ha comenzado a coaccionar a sus aliados europeos por las nuevas estructuras de defensa de la UE. Todo ello en medio de una guerra comercial desde junio del 2018, la amenaza de sanciones contras las empresas que no acaten el boicot estadounidense a Irán y el inicio de acciones judiciales en EEUU contra las compañías europeas que operan en Cuba.

Trump redobló en Londres su campaña a favor de un 'brexit' abrupto, prometió un acuerdo comercial “extraordinario” y respaldó a los dirigentes británicos partidarios de la ruptura total con la UE. Al primer ministro irlandés, Leo Varadkar, le comentó incluso en Dublín que el 'brexit' le iría “muy bien” a Irlanda “con su muro y su frontera”, evidenciando su desconocimiento de las prioridades irlandesas.

El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, mantiene contactos regulares por teléfono con los miembros del Gobierno británico partidarios de un 'brexit' duro para alentarles a perseverar en su objetivo. Washington exige en el futuro tratado comercial que el Reino Unido abandone el marco regulador europeo y asuma el norteamericano, como han indicado el secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross, y el Representante de Comercio de EEUU, Robert Lighthizer. Esto implicaría alejar al Reino Unido del mercado continental europeo, que es el destino del 44% de los exportaciones británicas.

Frontera dura

Las condiciones norteamericanas harían imposible también el respeto de los Acuerdos de Paz del Viernes Santo para Irlanda del Norte (1998), ya que conllevaría la reinstauración de una frontera dura entre las dos Irlandas. Washington exige que el Reino Unido abandone las normas de seguridad alimentaria europeas, que ahora impiden la exportación de pollos clorados por sus deficiencias higiénicas o de carne hormonada. EEUU también reclama acceso de sus compañías al Servicio Público de Salud británico, cambios en las normas sobre productos químicos, equipos médicos… etc.

Con la UE, Washington ha abierto un contencioso adicional a raíz de las nuevas estructuras de defensa y del Fondo Europeo de Defensa, destinado a reforzar la industria militar europea. Los vicesecretarios de Defensa Ellen M. Lord y Andrea L. Thompson enviaron una carta el 1 de mayo a la 'ministra' europea de Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, quejándose de que no se garantizaba la participación de compañías norteamericanas en los proyectos de desarrollo industrial militar financiados con fondos públicos de la UE y de que la propiedad intelectual de esos proyectos debiera quedarse en Europa.

El responsable para Asuntos Europeos de EEUU, Michael J. Murphy, amonestó en Washington el 22 de mayo a los embajadores del Comité Político y de Seguridad de la UE por no querer modificar los proyectos de reglamento, como reclamaba EEUU. El embajador norteamericano ante la UE, Gordon Sondland, elevó la presión al indicar que, si no se modificaban los reglamentos, EEUU se vería obligado a responder a lo que considera unas medidas “unilaterales y proteccionistas”.

Coalición gubernamental

La falta de un liderazgo y de cohesión interna en la UE dificultan una respuesta efectiva al unilateralismo norteamericano. Macron, que aspira a encabezar un renacimiento europeo, está cuestionado por los franceses y sólo logró el 22,4% de los votos en los comicios europeos de mayo. En Alemania, la potencia dominante europea, los democristianos de la cancillera Angela Merkel imploran al hundido Partido Socialdemócrata que no rompa la coalición gubernamental. Italia está dividida y cautiva del ultraderechismo de La Liga de Matteo Salvini. En España, la fragmentación política y la extrema polarización de la derecha limitarán al Gobierno socialista. En Polonia, el principal país del Este, la división es tan profunda que el Gobierno y la oposición han conmemorado por separado el 30 aniversario de las primeras elecciones libres. Y en otros países los gobiernos son cuestionados en las urnas (Holanda, Rumania, Eslovaquia) o con masivas manifestaciones (República Checa).