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ANÁLISIS

Las jugadoras de la selección francesa en el estadio del Parque de los Príncipes de París.

AFP / LIONEL BONAVENTURE

Postureo no, gracias

Mónica Marchante

Me piden que escriba mi columna de opinión sobre el Mundial de fútbol femenino que arranca este viernes en Francia. Advierto que seré honesta: por mi actividad profesional no he seguido la Liga Iberdrola con la atención necesaria para escribir con conocimiento de causa sobre la selección de Jorge Vilda y lo que ha de exigírsele en este Mundial, que es el segundo para el fútbol femenino español. Diría lo mismo si se me pidiese un artículo sobre hockey patines o sobre la liga de balonmano masculina.

Sin embargo miro desde hoy a Francia con expectación, entusiasmo y curiosidad por lo que espero de este acontecimiento. Pero no solamente de las futbolistas.

Hace cuatro años España participaba por primera vez en un Mundial. Coincidí en un evento organizado por uno de los patrocinadores de la RFEF, Pelayo, para dar visibilidad a la selección femenina, con el hoy seleccionador Jorge Vilda, entonces en la sub-21. Me sorprendió el buen juego de aquellas mujeres que sin embargo pagaron la inexperiencia y no lograron pasar de la primera fase ni ganar ninguno de sus tres partidos.

Pero a su regreso se montó la mundial. Y eso vendió bastante más en los medios que el propio Mundial. Las 23 integrantes de la selección pidieron en un comunicado redactado aún en Canadá un cambio al frente el equipo (que dirigía desde hacía 27 años Ignacio Quereda) y denunciaron que la preparación del evento prácticamente no había existido. Lo lograron. Cayó Quereda y llegó Vilda, que mantiene a 13 de aquellas 23 pero no ha repescado a la portavoz de aquella revuelta, Vero Boquete, que sigue jugando en EEUU.

El fútbol femenino español se ha disparado desde entonces. La sub-17 ha sido campeona del mundo. Las futbolistas han llenado grandes estadios, han seducido a nuevos patrocinadores, recibiendo incluso un coche de uno de ellos antes de la cita mundialista. Y un club español ha jugado la final de la Champions por primera vez.

Convenio colectivo pendiente

La nueva federación, cuya vicepresidenta es una mujer brillante y entusiasta, aún no ha cerrado con la AFE el nuevo convenio colectivo que regule las condiciones laborales de las futbolistas, un asunto que se prolonga más de seis meses y que se suma a las luchas intestinas entre liga y federación por una competición que se ha convertido en un caramelo que ambas quieren explotar.

España se juega mucho en este Mundial. No es solo la clasificación para la siguiente fase, sino la visibilidad y la proyección real del fútbol femenino español. Los medios también nos jugamos mucho. Probar que de verdad nos importa y apoyamos el avance del fútbol femenino sin postureo. Eso no se demuestra necesariamente mandando mujeres a cubrir o narrar el evento, sino poniendo a buenos profesionales, hombres o mujeres, y sobre todo, dándole el debido espacio y atención. ¿O es que del fútbol masculino informan solo hombres?