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análisis

El veterano británico de la segunda guerra mundial, Lewis Trinder,  habla durante la conmemoracion del 75 aniversario del Desembarco de Normandia en Arromanches,  Francia.

EFE / IAN LANGSTON

De nuevo, el enemigo está en casa

Sonia Andolz

Esta vez los europeos no deberíamos necesitar ayuda externa sino ser capaces de combatir a tiempo nuestros propios monstruos

Los líderes occidentales conmemoran cada año la cooperación militar que hizo posible el Desembarco de Normandía. El 6 de junio de 1944, el llamado Día D, más de 150.000 soldados aliados desembarcaron en la costa francesa, donde les esperaban las tropas nazis. Solo durante ese primer día ya hubo más de cuatro mil bajas. La Operación Overlord (nombre del despliegue militar) perseguía liberar a Europa de la Alemania nazi y devolver la paz y la democracia al continente. Así fue, los aliados por el frente occidental y los soviéticos por el oriental consiguieron la rendición del régimen nazi el 8 de mayo de 1945.

A partir de ese momento, y tras las bombas nucleares americanas en Hiroshima y Nagasaki, los Estados del mundo se comprometen a no repetir una guerra de alcance mundial y para ello se funda la Organización de las Naciones Unidas cuyo principal objetivo es la paz y seguridad internacionales. También en ese momento, se definirán muchas de las bases occidentales del sistema internacional actual. Los principios económicos de Bretton Woods y los planes de apoyo decidirán que el modelo económico hacia el que tender será el libre mercado; los principios políticos e ideológicos promovidos desde la ONU abogarán por la universalización de la democracia y los derechos individuales y colectivos; y las alianzas militares como la OTAN crearán redes tan interdependientes que reducirán la probabilidad de guerras inter pares.

Durante varias décadas esas directrices servirán para reconstruir Europa y permitir a muchas naciones independizarse de la ocupación colonial. El crecimiento económico de los llamados países industrializados mantendrá las alianzas y el optimismo. Sin embargo, los atentados del 11-S del 2001, la profunda crisis del modelo económico y las consecuentes crisis políticas, el descontento de las clases medias y el auge del neopopulismo entre otros factores, quebrarán esa concordia del eje atlántico.

Avance de la extrema derecha

En 1944, Reino Unido y Estados Unidos de América participaron de forma comprometida en la liberación del continente. En el 2019, el Reino Unido está saliendo de la Unión Europea y EEUU amenaza con disminuir de forma importante su presencia en la OTAN. En varios países de Europa gobiernan partidos ultranacionalistas o de extrema derecha que también tienen cierto poder en el Parlamento Europeo.

Si bien en 1944 los aliados estuvieron dispuestos a luchar contra el avance del régimen totalitario, en el 2019 las alianzas son más precisas y limitadas. De nuevo, el enemigo está en casa. Aquellos discursos que aprendimos a etiquetar como peligrosos acabada la segunda guerra mundial resuenan entre líneas en boca de dirigentes actuales con el peligro que lo hacen siguiendo las normas: presentándose a elecciones democráticas y consiguiendo votos ciudadanos. Esta vez los europeos no deberíamos necesitar ayuda externa sino ser capaces de combatir a tiempo nuestros propios monstruos. No necesitamos salvadores, es nuestra responsabilidad construir sociedades justas y seguras para todos.