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IDEAS

El avión del Tibidabo.

JOAN CORTADELLAS

La jirafa

Miqui Otero

Cuando esa jirafa entró en casa, supimos que el fin de semana iba a ser diferente.

La jirafa era la mascota de la guardería y cada cierto tiempo una familia se la quedaba y vivía con ella tres días. Debíamos sacarla a pasear, enrolarla en excursiones fantásticas y fotografiar todo para luego redactar un capítulo en un diario colectivoque se había ido escribiendo a lo largo del curso.

Otras familias la habían llevado con sus hijos en avión o en barco a escenarios lejanos. Consultamos al hombre del tiempo (daba lluvia todo el fin de semana) y además el tiempo era escaso (hasta para Booking). Regamos la kentia del comedor para que la jirafa ramoneara sus ramas mientras nosotros trazábamos alternativas. No queríamos decepcionar a la jirafa, ni a la clase de la jirafa, y menos a nuestro delegado en ella: nuestro hijo. Empecé a preparar el terreno por si el plan acababa limitándose a una maratón de Peppa Pig y palomitas en el sofá. "Hay otros mundos, pero están en este", le susurré a la jirafa. "Hay otras vidas, pero están en ti", sonreí a mi hijo. Ambos me miraron con cara de peluche.No pestañearon. O no les gustaba Elouard o no lo vieron claro.

Como la clase de mi hijo, todos tenemos una jirafa que nos empuja a hacer lo que no íbamos a hacer y nos invita a encontrar lo que no buscábamos

Asi que la jirafa nos hizo desatender la previsión meteorológica, preñada de malos presagios. Reservamos en un espectáculo de títeres, fabricamos un abanico en un cuentacuentos, la atracción del avión rojo del Tibidabo nos sirvió para rodar el final de 'Casablanca' y hasta visitamos la planta de juguetes de El Corte Inglés porque recordábamos vagamente que allí tenían expuesta una jirafa enorme. La madre de la de la guardería. Todo por la jirafa.

Todos tenemos una jirafa que nos empuja a hacer lo que no íbamos a hacer, que nos vigila desde la altura de sus dos metros de cuello y nos invita a encontrar lo que no buscábamos y a vivir lo que no nos animaríamos a vivir. También a veces a decir lo que no pensamos o a pensar muchas cosas que no decimos. Existen jirafas en los pactos postelectorales y en los zascas de Twitter. La jirafa es la pureza de la izquierda o la claca de las redes que aplaude "las-ideas-claras-a-la-cara" de algún que otro idiota. Y la gente debe elegir la jirafa para la que se luce y entonces ser o más efectista o más sincera, o menos cobarde o más autocomplaciente en lo que dice y hace. Mi jirafa siempre ha sido escribir y ahora mi jirafa también es el que trajo la jirafa a casa y los que vivimos en ella. Mi jirafa, algunas semanas, es esta columna.

Temas: Tibidabo