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LOS PRESUNTOS AMAÑOS EN LA LIGA

Siempre uno amaños para que el balón entrase o dejase de entrar en la porteria.

EL PERIÓDICO

Siempre hubo tongos; ahora, hay dinero

Emilio Pérez de Rozas

Lo recuerdo como si fuese ahora. Entre otras cosas porque fue una cena tremenda, no de manjares, sino de amistad, colegas e información suculenta impublicable, claro. No porque no nos atrevamos, que es lo que suelen pensar los lectores de los periodistas, sino, simplemente, porque, siendo todo lo dicho cierto, ninguno de los allí presentes tiene (ni tuvo) nunca prueba alguna.

Era, lo recuerdo perfectamente la semana del GP de España de F-1, en Barcelona. También la semana del Rayo-Valladolid, con los de Vallecas ya descendidos. Y, claro, todo se prestaba. Máxime habiendo, como colofón final de temporada, un  Valladolid-Valencia, que podía colocar al Valencia en la Champions, lo que representaba una millonada.

El caso es que, finalmente, cinco colegas pudimos concertar esa cena. Insisto, más para hablar que para cenar. Y uno de ellos dijo “os llevaré a un sitio estupendo que he descubierto, se llama ‘La Barra’ (Urgell-Avenida de Sarrià), se cena de tapas y, luego, transforman el comedor en un sitio para tomar copas y seguir hablando”. Y eso hicimos, deliciosamente. De los cinco colegas, dos eran periodistas enfermos del fútbol. Repito: enfermos. Es decir, de esos que lo saben todo. Todo.

Ha pasado toda la vida

De esos que te dejan admirado cuando te ofrecen (y dan) las pruebas de aquellas cosas que tú siempre creíste que fueron así y que porque, o no eres tan bueno como ellos, o nunca te interesó, o no encontraste las fuentes, o, en definitiva, ¡que todo hay que decirlo!, no eres amigo de los futbolistas, nunca pudiste probar y, mucho menos, publicar. Pero sí, aquellos dos colegas, honrados donde los haya, contaron todo tipo de acuerdos, amaños, arreglos y tongos en el fútbol de Primera y Segunda División (de las últimas décadas, muchas), en la lucha por el título y el descenso, con equipos enormes, grandiosos, modestos y hasta pobres.

No daré nombres, pero ellos sí los tienen. Tremendo. Todo, absolutamente todo, entre futbolistas, sin que lo supieran los presidentes, los entrenadores, ni siquiera los utileros. Ellos se llaman (o se ven), ellos acuerdan, ellos lo pactan. Y punto pelota. Es más (eso sí lo sabía yo ya porque me lo había contado un veterano), hay partidos que se amañan el mismo día que se sortea el calendario de Liga, la primera semana de agosto.

Y, ahora, con codicia

Esa noche (la de agosto), con el calendario en la mano, diez capitanes, o doce, de Primera División, se llaman y, con las dos últimas jornadas sobre la mesa, dicen “el día que juguemos en tu casa, si vosotros necesitáis los puntos, son vuestros” y el otro le responde “y si los necesitáis vosotros, vuestros”. “Y te juro, Emilio, que no nos volvíamos a llamar en todo el año, en toda la temporada, ni siquiera la noche antes del partido en cuestión”, me confirmó el veterano en mil batallas. Futbolistas.

A eso, que es, simplemente, pura supervivencia, trampas entre colegas para mantenerse en Primera o meterse en Europa, añádanle ustedes dinero, la codicia (según la RAE: “Afán excesivo de riquezas”) y entenderán lo fácil que es vender, comprar, amañar un resultado. Todo la vida se ha hecho para sobrevivir; ahora, encima, por dinero, por mucho dinero.