14 jul 2020

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Al contrataque

Alfonso Alonso.

EFE / KIKO HUESCA

Tú a Boston y yo a California

Cristina Pardo

No me equivoco si digo que los populares en Euskadi no soportan la línea de actuación de Pablo Casado. «Es caspa pura»

El PP vasco quiere independizarse de Pablo Casado. Pretende convertirse, más o menos, en lo que sería el PSC dentro del PSOE. Su presidente, Alfonso Alonso, ha explicado que lo que busca es «reforzar el proyecto», remarcar su «personalidad propia», subrayar el carácter autonomista de la formación y desvincularse totalmente de Ciudadanos y Vox, socios preferentes de Génova. En definitiva, refundar el PP vasco para después ir por libre.
Bueno, es un experimento novedoso para ellos; quizá lo único que les queda después de haber desaparecido prácticamente del mapa. Lo suyo ya es una cuestión de vida o muerte. En estos momentos, más de lo segundo que de lo primero. En privado, son contundentes: «O eso o morimos. También podemos morir con la refundación –añaden–, pero al menos lo pelearemos».

El problema de este plan del PP vasco es que a perro flaco, todo son pulgas. Alfonso Alonso se marchó allí a regañadientes, porque se lo pidió Mariano Rajoy. Era 'sorayista'; es decir, perdió el congreso. Su nombre siempre ha sobrevolado cada cambio interno que se producía en Génova en la etapa anterior y siempre para tareas mayores y seguramente más agradecidas. Y nada. No me equivoco si digo que los populares en Euskadi no soportan la línea de actuación de Pablo Casado. «Es caspa pura». Ya lo dijo Alonso horas después de las elecciones generales: «El que se haya descentrado, que se centre». Y como se ve que la dirección del partido no se está centrando lo suficiente, pues él va a hacer la guerra por su cuenta.

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No sabemos si está decisión será útil a la larga. Lo que sí tengo claro es que es un síntoma. Un síntoma de la debilidad interna de Casado, al que un día le bloquean la designación de sus portavoces, al otro se le independiza el partido en una Comunidad Autónoma y al siguiente le dicen desde Galicia que no debería gobernar con Vox. Alonso únicamente ha informado de sus planes a Javier Maroto, el vasco de Génova y vicesecretario de organización. Este ha intentado mostrarse comprensible, aunque rebajando ligeramente sus pretensiones.

Maroto sabe lo que es ir por libre, aunque la incoherencia termine dañando la memoria. Ahora, con Casado, rechaza los pactos con Bildu que sí era partidario de alcanzar siendo alcalde de Vitoria. En mi opinión, es muy difícil que la idea de Alonso salga bien. Por la deslealtad, por la memoria de los votantes y porque un partido que hace aguas siempre es poco atractivo.