MIRADOR

El único pacto de izquierdas posible

Quienes agitan el fantasma de un acuerdo entre BComú y PSC con el apoyo de Valls no quieren frenar el independentismo, sino evitar un gobierno de republicanos y 'comuns' que ponga freno a sus privilegios

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Ada Colau, durante la noche electoral del 26-M.

Ada Colau, durante la noche electoral del 26-M. / FERRAN NADEU

Los resultados de las elecciones municipales en Barcelona muestran una tendencia clara: la ciudad ha votado hacia la izquierda. El 60% de los votos se los han llevado ERCBComú y el PSC, que son, por este orden, los tres primeros partidos del plenario. Y las dos fuerzas mayoritarias (ERC y BComú), separadas por sólo 5.000 votos, son fuerzas que se sitúan a la izquierda del PSC y llegan prácticamente al 42% de los sufragios. Y aquí tanto se incluyen independentistas (ERC) como partidarios de un referéndum de autodeterminación, sean 'indepes' o no (BComú).

Sería lógico, pues, que en estos momentos estuviéramos hablando de cómo se concretará un gobierno fuerte de izquierdas en Barcelona, formado por los 20 concejales de ERC y BComú. Un gobierno a un concejal de la mayoría absoluta, que podría gestionar fácilmente la ciudad con apoyos puntuales externos de JxCat y el PSC. Un gobierno que respondería a la voluntad de una amplia parte de las clases populares y menestrales barcelonesas, que podría desplegar políticas de progreso fuertes, y abordar los grandes retos de la ciudad, como son la vivienda, la movilidad, el medio ambiente o los derechos sociales.

Por el contrario, el debate parece ser otro: el establishment local, las fuerzas de orden y los principales corifeos del poder mediático agitan el espantajo de un pacto entre BComú y el PSC que podría tener el apoyo de Manuel Valls, por vetar, dicen, que el independentismo gobierne Barcelona. Pero los que alimentan el fantasma de esta coalición de ciencia ficción no buscan evitar un Ayuntamiento 'indepe': lo que quieren en realidad es poner freno al único pacto que puede garantizar políticas sociales transformadoras profundas en la ciudad, unas políticas que pongan freno a sus numerosos privilegios.

Buena prueba de ello es que desde JxCat, en su cruzada contra Ada Colau, han dado -¡ahora sí! - máxima credibilidad a las elucubraciones de los portavoces mediáticos del españolismo. Porque, en realidad, el objetivo de la nueva Convergència no es conseguir un gobierno independentista sino vetar un gobierno de ERC y los ‘comuns’.

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Lo más lamentable de todo es que mientras las élites mueven ficha, ERC y BComú se empeñan en plantear en clave táctica pactos imposibles: ERC propone un gobierno a 3 con BComú y JxCat, y BComú, con ERC y el PSC. Pero todo el mundo sabe que los ‘comuns’ no entrarán en ningún gobierno donde haya los herederos de la antigua Convergència, y que ERC, en estos momentos, tampoco está en condiciones de llegar a acuerdos estables con el PSC.

Nunca en la historia la izquierda había estado en disposición de gobernar Barcelona con una mayoría tan amplia y sin prácticamente depender del PSC o de JxCat, los partidos que han liderado la gestión del viejo régimen del 78. Lo ha expresado a su manera el inefable Joan Tardà: "Han ganado en Barcelona dos partidos de izquierdas. Uno es independentista y el otro es soberanista. Ambos están de acuerdo con el referéndum. Si no son capaces de ponerse de acuerdo, que los zurzan ". Pues eso.