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Al contrataque

Concentración de trabajadores de Iveco tras el suicidio de su compañera.

EUROPAPRESS / UGT

Cobardes

Ana Pastor

Los cobardes que vieron, comentaron y reenviaron las imágenes seguramente tendrán que explicarlo ante un juez

Debe de ser un dolor inabarcable. Resulta imposible ponerse en la piel de la familia de Verónica, la joven de 32 años que esta semana se ha suicidado en Madrid después de que se difundiera en su empresa, entre sus compañeros, un video de contenido sexual. Un ejercicio de empatía que seguramente intentan hacer quienes convivieron con ella con respeto en el trabajo y pueden mantener ahora la cabeza alta ante lo ocurrido.

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Por contra, no sabemos cuántos son quienes bajan la mirada ahora. No conocemos sus nombres. Intuimos que ahora guardan silencio para tapar la cobardía de sus actos. Suponemos que para ellos todo fue una broma y ahora se debaten entre la estupefacción y la vergüenza. Quizá pensarán que aquellos comentarios eran algo habitual. Que los mensajes machistas formaban y forman parte de su pauta de comportamiento cotidiano. Pensaron que no era para tanto. Al fin y al cabo se limitaron a hacer lo que hacen otros. Recibieron el video. Lo vieron. Lo comentaron. Lo reenviaron. Volvieron a comentarlo. Y a otra cosa. Hasta que la realidad les despertó el pasado domingo en forma de cuerpo muerto. El de Verónica. El de su compañera, madre de un bebé de 1 año y otro de 4. El de esa chica a la que se cruzaban cada día. El cuerpo ahora sin vida de esa mujer sobre la que hicieron decenas de comentarios soeces.

No era una desconocida. Sabían que esas risas y miradas asquerosas le llegarían. Pero les dio igual. No era para tanto. "Solo" estaban reenviando de un teléfono o a otro un vídeo que podría destrozarle la vida a cualquiera. Ahora la "broma" está investigándose en el Juzgado número 5 de Alcalá de Henares. He leído que el vídeo llegó a un chat donde había más de 20 personas. Todos compañeros de Verónica. De ahí pudo difundirse a otras 200 personas del mismo entorno. Menuda “broma”. Los cobardes que vieron, comentaron y reenviaron las imágenes seguramente tendrán que explicarlo ante un juez porque existe desde 2015 un delito llamado descubrimiento y revelación de secretos en el artículo 197.7 del Código Penal.

Vamos a ver si ahí son tan valientes como delante de la pantalla de sus teléfonos móviles. Verónica estuvo días aguantando la presión de saberse denigrada en la empresa en la que también trabajan su marido y otros familiares. Tus acciones te definen. Puedes estar entre quienes nunca verían un video como ese ni lo reenviarían o quienes piensan “no es para tanto”. Tú decides.