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Análisis

Imagen del partido Valladolid-Valencia del 18 de mayo del 2019

R. GARCIA (EFE)

Amaños de partidos: de los maletines al cibercrimen

José Luis Pérez Triviño

El panorama se avizora amenazante porque no parece un caso aislado, sino la punta de un iceberg que acosa al fútbol y al negocio que mueve

Si la noticia de la detención de varios jugadores de Primera y Segunda División de la Liga española hubiera tenido lugar hace una década, probablemente estaríamos hablando de tres categorías de implicados: los cómplices (los jugadores que se hubieran dejado ganar), los recaderos (los jugadores que valiéndose de la confianza contactan con los cómplices) y, probablemente, los dirigentes de un club interesado en que se produjera un determinado resultado del que obtener beneficios deportivos a cambio de dinero.

Los perjudicados por esos amaños eran los equipos rivales y sus aficionados que verían frustradas sus ambiciones. Pero ahora los amaños tienen otra dimensión. Sigue habiendo cómplices y recaderos, pero los principales implicados son organizaciones criminales que orquestan los amaños desde países asiáticos o del Este de Europa, para obtener beneficios económicos a través de la adulteración de las apuestas por internet. Por otro lado, la lista de perjudicados se amplía a las casas de apuestas (legales) y los apostantes. De ahí, que se trate no solo de un ilícito deportivo, sino económico que afecta a terceras partes. 

Esta noticia se suma a los casos de manipulaciones que han tenido lugar recientemente en otras competiciones inferiores (el caso del Eldense) y en otros deportes, en especial en el tenis. Pero en esta ocasión, la particularidad es que la corrupción haya llegado a una competición donde los jugadores ya cobran enormes cantidades de dinero, circunstancia que hacía improbable que cayeran en la tentación de dejarse comprar para perder un partido o para realizar una determinada acción: cometer un penalti, forzar un córner, realizar una falta en cierto minuto o comerse un bocata en el banquillo. Y es que con las apuestas 'on line' de por medio, el abanico de las acciones sobre las que se puede apostar ha aumentado hasta niveles inusitados.

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El panorama se avizora amenazante porque no parece un caso aislado, sino que puede ser la punta de un iceberg y que ello pueda llevar a una situación parecida a la de las Ligas asiáticas y del Este de Europa hace unas pocas décadas, las cuales por efecto de una sistemática manipulación de resultados orquestada por las mafias, vieron disminuir drásticamente la atención de sus aficionados. La conciencia del fraude para los apostantes de buena fe provocó que dirigieran su mirada y sus inversiones a las ligas europeas,presuntamente limpias y competitivas.

La liberalización de las apuestas deportivas en varios países europeos –en España se legalizaron en el 2011– convierte a estas ligas en un nicho de mercado con un enorme potencial. Según un informe del 2014, el mercado regulado de las apuestas era de 48.500  millones de dolares. Pero el mercado negro de las apuestas era un 80% mayor por lo que las estimaciones aumentaban hasta los 250.000 millones. De ahí que el amaño de partidos sea el principal riesgo al que se enfrenta no solo el mundo del fútbol, sino el negocio del fútbol pues la corrupción pone en riesgo a casas de apuestas, patrocinadores, empresas de 'merchandising', canales de TV y el resto de las economías que se mueven y benefician del deporte rey.