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NÓMADAS Y VIAJANTES

Theresa May, el día que se convirtió en primera ministra británica (izquierda) y tres años después, tras poner fecha a su renuncia.

AP

El dinosaurio del 'brexit' sigue ahí

Ramón Lobo

Tras la dimisión de May, un segundo aplazamiento de la fecha de salida o un divorcio duro son las opciones más probables

Cuando el Reino Unido despertó tras la dimisión de Theresa May, el brexit seguía ahí, como el dinosaurio de Augusto Monterroso. No parece que el caos vaya a amainar antes ni después del 7 de junio, fecha de su renuncia como líder del Partido Conservador, que como primera ministra seguirá hasta que se elija sucesor. La UE asume que es posible que Londres no pueda resolver el embrollo en el que está metido antes del 31 de octubre, fecha de su salida. Un segundo aplazamiento o un brexit duro son las opciones más probables.

El 23 de junio se cumplirán tres años de un camino hacia ninguna parte que arrancó en un referéndum innecesario convocado por un pirómano llamado David Cameron. La política está para resolver los problemas, no para crearlos. Cameron minusvaloró los riesgos. Creyó que el pueblo eran los que le rodeaban, no la calle. Jugó con fuego y quemó a todos, a los partidarios de seguir en la UE y a los brexiters. El Reino Unido tardará décadas en curar las heridas.

A May, una defensora de la continuidad en la UE antes de referéndum, le tocó ser la primera ministra de la salida. Su esfuerzo ha estado centrado en un único objetivo: sobrevivir. No ha contado con la ayuda del Partido Laborista, liderado por un Jeremy Corbyn, tan desnortado como ella. Corbyn es un euroescéptico de izquierdas que ve a la UE como una superestructura en manos de empresas y bancos. Igual que May, se ha movido más por el cálculo personal, y electoral, que por los valores que dice defender.

Provisionalidad

El país que quiere dejar la UE pero no sabe cómo, el que está todo el día despidiéndose y no se va nunca, eligió el jueves a sus eurodiputados provisionales. Lo serán hasta que se produzca el brexit, sea en octubre o después. Aunque no sabremos los resultados, congelados hasta la noche del domingo en espera de los de toda la UE, las encuestas vaticinan un descalabro.

Las ganará el Partido del Brexit, un nuevo invento de Nigel Farage, que regresa a primera línea con mentiras recicladas sobre el Europa nos roba. Farage tiene un 32% de intención de voto. Los suyos son los brexiters más duros, los que defienden una salida sin acuerdo. The Guardian calculó que el coste de estar en la UE por habitante es el mismo de estar suscrito a Netflix.

Si se confirma la debacle conservadora en las europeas –pueden pasar del 20% de mediados de abril a un 11%, o menos, un 7%, como apunta YouGov– afectará al proceso de elección del nuevo líder. Hay un sector que apuesta por Boris Johnson, exalcalde de Londres, un populista tan falso como Farage. Jugó a favor del brexit porque creyó que era el camino más corto para llegar a primer ministro. Este sector cree que Johnson es el antídoto contra el crecimiento del Partido del Brexit. A los tories les sucede algo parecido al PP con Vox.

El problema de Johnson es que ha telegrafiado demasiado pronto sus aspiraciones. En el Reino Unido existe una tradición: "quien desenvaina la espada no ciñe la corona". Además de líder, los conservadores deberían escoger un plan: brexit duro --sin acuerdo-- o negociación. ¿Qué están dispuestos a cambiar del play May, rechazado tres veces en los Comunes? No hay mirlos blancos, todos parecen cortados por el mismo patrón y por el miedo a parecer traidores.

Mandato popular

Lo primero que tendrá que decidir el nuevo líder o lideresa es si debe agotar la legislatura hasta el 2022 o convocar elecciones anticipadas. Lo más sabio sería obtener un mandato popular sólido antes de la negociación final con Bruselas. Para los tories, una elección ahora sería de alto riesgo, podrían quedar aplastados por el partido de Farage y por los liberal-demócratas en plena remontada. Las encuestas les otorgan entre el 15 y 19% en las europeas, delante de los conservadores.

Un segundo referéndum solo sería posible si hay elecciones anticipadas y la opción del brexit duro provocara un vértigo generalizado. Lo defienden los liberal-demócratas, los escoceses, parte de los laboristas, el sector tory moderado y los verdes, que carecen de apoyos en este parlamento. No lo quieren Farage ni los tories euroescépticos y eurófobos, tampoco Corbyn.

Ultranacionalismo reinante

Una nueva consulta podría revertir el resultado de junio del 2016 (51,9 a favor del brexit frente a 48,1%) y dejar al Reino dentro de la UE, pero no resolvería la profunda división del país ni aunque lograra un estatus especial. El brexit es una muestra más del ambiente de xenofobia y ultranacionalismo reinante. Farage está en la línea de los Le Pen, Salvini y Orban.

Sea quien sea el sustituto de May se topará con los mismos problemas. No es posible salir de la UE y al mismo tiempo quedarse con un menú a la carta en los asuntos que interesan a Londres. Está en juego el precedente, una señal de debilidad que aliente a los euroescépticos del Grupo de Visegrado, liderado por Hungría.

Estas elecciones europeas, que han pasado como una asignatura menor en España, son claves. Llegan en un momento en el que la UE se enfrenta a su mayor desafío existencial. No solo es el brexit, también es el crecimiento de los euroescépticos, el alza de la extrema derecha, el adiós de Merkel y la sensación de ausencia de un liderazgo continental cuando más se necesita.

May se ha quitado una tortura de encima, la de ser el blanco de todos los dardos. Le queda un último trago: recibir a Donald Trump en su visita oficial al Reino Unido, del 3 al 5 de junio. No es una visita oportuna ni popular. Puede afectar a la política interna. A Trump le gusta Farage y le gustará Johnson. Son de su cuerda, la política como performance constante.