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Análisis

La activista sueca Greta Thunberg pronuncia un discurso durante la protesta contra el cambio climático en Estocolmo, este viernes 24 de mayo.

EFE /Janerik Henriksson

¿Por qué nos causa tanta inquietud lo que Greta nos transmite?

Cristina Ribas

Tiene una mirada demasiada preocupada por la edad que tiene. Acompañada de un discurso lúcido y penetrante en el que pide acciones urgentes contra el cambio climático, su imagen ha dado la vuelta al mundo. Desde los muros de Facebook a los medios globales como la portada de la revista 'Time'. Greta Thunberg es la joven activista sueca que dijo a los asistentes en Davos el pasado enero: "Quiero que entréis en pánico... la casa está en llamas". Unas declaraciones que se hicieron virales. Desde entonces, crecen las movilizaciones en todo el mundo agrupadas bajo el nombre 'Fridays for Future' como la de este viernes en 1.500 lugares, entre ellos Barcelona. 

¿Por qué nos causa tanta inquietud lo que Greta nos transmite? Seguramente porque muestra claramente el choque generacional, de género y de poder que se está produciendo. Mientras ella y los y las jóvenes que la siguen imaginan su propio futuro, los que mandan en el mundo, que son mayoritariamente hombres blancos de edad avanzada, no son capaces de empatizar. A pesar de la oposición de los populares, liberales y de la extrema derecha, Greta dio un discurso en el Parlamento Europeo en abril, donde afloró la emoción. Por ella, los líderes no están actuando de acuerdo con la situación de emergencia, piensan que el mercado lo resolverá todo y celebran avances que llegan 30 años tarde. Si entendieran que las paredes de la casa se están hundiendo, decía, aparcarían las diferencias y empezarían a cooperar. "Utilizamos el poco tiempo que nos queda para debatir qué y quienes tiene que empezar a cambiar antes... Llevemos la mejor ciencia disponible al corazón de la política y la democracia...", son algunas de sus propuestas. 


Ir más allá de lo políticamente posible

Carina, Lola y Aitana, las protagonistas de los vídeos del Movimiento Justicia Climática recogen el espíritu Greta cuando dicen que tenemos que ir más allá de lo políticamente posible porque la ciudadanía no pide masivamente cambios drásticos. Las malas noticias y la magnitud planetaria de los problemas hacen que la mayoría de la gente se desentienda, a pesar de estar de acuerdo con la reivindicación de fondo. "¿Qué puedo hacer yo?",  dicen muchas personas sometidas a la rutina de trabajar y consumir en un entorno individualista donde los cambios estructurales piden un esfuerzo titánico. Los viejos poderes económicos aprovechan el contexto desalentador, al mismo tiempo que se disfrazan de verde, para seguir explotando los recursos como si no fueran limitados. 

Y así estábamos cuando ahora hace pocos meses apareció una chica de 15 años, casi una niña, que nos habla con una voz que viene del futuro. Y, de repente, ya no sabemos qué tenemos que hacer, pero lo que tenemos claro es que debemos hacer algo. De entrada, como dice Greta, la mayoría de los que se verán afectados por esta crisis no pueden votar en las elecciones de domingo. Por eso nos dicen: "Tenéis que votar por nosotros, por vuestros hijos y por vuestros nietos. Nosotros no podemos incidir porque sencillamente no hay tiempo para que nos formemos y lleguemos al poder. Están en juego las futuras condiciones de vida de la humanidad. Os rogamos por favor que no nos falléis en esto".

*Cristina Ribas es profesora asociada de Periodismo en la Universitat Pompeu Fabra, coordinadora del posgrado en Tecnopolítica y Derechos en la era digital (BSM-UPF).