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IDEAS

Cuadro de David Hockney, expuesto en el museo Van Gogh de Amsterdam. 

RICHARD SCHMIDT

Van Gogh y Hockney: ¡Luz, color, paisaje!

Jordi Puntí

Si este fin de semana tiene usted la suerte de visitar Amsterdam, además de intentar convencer a De Ligt para que venga a jugar al Barça, aún tendrá tiempo de ver la exposición que hay en el Van Gogh Museum, llamada 'Hockney - Van Gogh. El gozo de la naturaleza'. Desde hace tres meses, y hasta este domingo, se puede comprobar hasta qué punto la luz, el color y las perspectivas de Van Gogh son también la luz, el color y las perspectivas de David Hockney, y en especial en los últimos años, cuando volvió a Inglaterra para pintar los bosques de su Yorkshire natal.

Una exposición en Amsterdam ha mostrado los vínculos entre Van Gogh y Hockney

“Cuando la naturaleza muestra su máximo esplendor”, dice Hockney, “es como si alguien hubiera tirado champán sobre los arbustos y todo es espumeante y maravilloso”. Esta frondosidad es uno de los muchos puntos de contacto que destaca la exposición, al situar juntos los cuadros de uno y otro, pero hay más: hay una fluencia que parece que traspase los años y vaya de un cuadro al otro. Es el gesto atrevido, el movimiento y, en último término, la fascinación por todo aquello que puedan abarcar los ojos. Hockney se ha pasado media vida pintando el sol de California, al igual que Van Gogh el del verano en la Provenza -los campos rizados por el viento, la canícula sobre el trigo-, pero a ambos también les interesa el cambio de estación, todo lo que trae el otoño: las hojas que han caído, los árboles desnudos.

“Los buenos artistas no toman nada prestado, lo roban”, dice Hockney. Como Van Gogh, él busca la exaltación del ánimo, el exceso del cuadro que rebosa. Desde el primer día su mirada transmite hedonismo. Tiene 82 años y lleva más de 60 pintando, y es evidente que esta obsesión feliz, esta curiosidad inacabable, lo hace sentir vivo.

Escribo estas líneas desde la imaginación, porque no he podido ir a Amsterdam, pero la lógica que une ambos pintores lo pone muy fácil. Los hemos visto por separado e intuimos el vínculo interno. A quien eso no le baste, como a mí, siempre puede comprar el catálogo de la exposición -lo tienen en las mejores librerías de la ciudad- o, como mal menor, pasearse por la espléndida web del Museo van Gogh. Casi, casi, es como meterse dentro de los cuadros.