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El futuro de la UE

Ejerzamos de europeos

LEONARD BEARD

Ejerzamos de europeos

Carlos Carnicero Urabayen

España tiene una oportunidad única de tomarse Europa en serio para influir y definir el nuevo rumbo en estos momentos críticos

Somos europeos bastante más de lo que pensamos, aunque nos resistamos a ejercer como tales. Me repito esto cuando viajo de Bruselas a Madrid y compruebo que muchos de nuestros desafíos –tantas veces presentados como males genuinamente españoles– tienen ramificaciones por todo el continente. En las elecciones europeas que celebraremos este domingo podríamos pasar a la acción. O, como dice Macron, abandonar el sonambulismo y tomarnos Europa en serio, no se vaya a romper antes de que nos preocupemos por ello.

Mi último viaje electoral me dejó dos anécdotas parecidas, ambas vividas por dos buenos amigos. El primero vio cómo un hombre trataba de aparcar, pero un cubo de basura impedía la maniobra. El señor se puso a insultar a gritos a la alcaldesa y mi amigo trató de tranquilizarlo sugiriendo que Carmena no había puesto allí ese obstáculo. El hombre hizo amago de sacar una pistola de su chaqueta. Mi amigo se marchó aterrado. No sabemos si llevaba un arma, pero desde luego quería una.

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El segundo tomaba una cerveza en un bar y de repente observó cómo un tipo, incendiado por las noticias de la tele, aseguró en voz bien alta que lo que había que hacer con Pablo Iglesias era “llevárselo a Galapagar y meterle siete tiros”. Mi amigo, ciudadano ejemplar, le dijo que se comportase, que estaba en un lugar público.

Consolidación democrática

Europa es nuestra capacidad de discutir sobre todo pero bajo la promesa de que resolveremos nuestras diferencias sin partirnos la cara. No es casual que la consolidación democrática en un país con un pasado tan violento como España –y, de nuevo, es así para tantos otros– se haya producido gracias a la pertenencia a la UE.

La emergencia de Vox –al igual que la desorbitada tensión independentista en Catalunya precedida del 'brexit'– tiene seísmos por toda Europa. Marine Le Pen podría derrotar al partido de Macron en las elecciones europeasFarage, cuentista incansable que lleva décadas a sueldo del Europarlamento aunque siempre nos repita que esta institución no sirve para nada, podría ser el más votado en Reino Unido.

Hay demasiados ejemplos a lo largo del continente, como la xenófoba Liga de Salvini que gobierna en Italia o el neotirano Viktor Orbán, cuya promesa es toda una declaración de intenciones: en el pasado, la UE era el futuro para Hungría, pero ahora el futuro del continente pasa por Budapest.

Embestida ultra

Lo interesante es que España ha aguantado –de momento– la embestida ultra. Vox emergió, pero no arrasó, y quienes blanquearon a este partido –PP y Ciudadanos– no gobernarán; no han visto recompensada su irresponsabilidad.

La luna de miel del populismo ultra con los electores se basa en la supuesta moderación de sus nuevas propuestas. Le Pen ya no quiere sacar a Francia de la UE, tampoco Salvini quiere ya retirar a Italia del euro. Vox tampoco parece ir tan lejos. En todo caso, una UE deformada, una unión de Estados soberanos en manos ultras que persiguen a minorías y nos enfrentan con nuestros vecinos, no merecería ese nombre y no tardaría en volver a abrir las heridas del continente.

Tal y como están las cosas –no perdamos de vista cómo está el mundo, con la 'competición macho alfa' de Trump, Putin y Xi Jinping por dominarlo todo–, no es extraño que el resultado de las generales en nuestro país y lo que pueda pasar el 26-M en la cita europea sean percibidas con cierta esperanza.

Resulta inexplicable que se hurtara a los electores del debate europeo en las generales, quizá porque las grandes cuestiones como el cambio climático, la inmigración, la economía digital o el 'brexit' exigen luces largas y no se adaptan bien al ruido con el que parecemos embobados. En todo caso, la cita europea debería vaciarnos de excusas para participar masivamente y exigir después un debate europeo de calidad.

Tomarse Europa en serio

Con un Reino Unido irrelevante, que se marcha pero se queda, una Italia desbordada por el populismo, de la que nadie se fía, y una Polonia ultra, que puja por su influencia, pero no empuja por la integración, España tiene una oportunidad única de tomarse Europa en serio para influir y definir el nuevo rumbo en estos momentos críticos.

La UE no es perfecta. Tiene contradicciones y carga con la mochila de un sueño sobre unos huesos que ya no son tan jóvenes. Tiene 62 años, si tomamos como referencia el Tratado de Roma. Es posible que el sueño ya se haya producido, por mucho que lo cotidiano se empeñe en restar valor a las cosas. No nos resignemos, ni dejemos que los Vox, Le Pen y Orbans se queden con Europa.