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ELECCIONES EUROPEAS

Unos clientes en la terraza de un pub de Londres convertido en local electoral para los comicios europeos, este jueves.

TOLGA AKMEN (AFP)

El Reino Unido se marcha, pero se queda

Carlos Carnicero Urabayen

Un país acostumbrado a influir en Europa y en el mundo se está empequeñeciendo a un ritmo insospechado

Hay elecciones extrañas y luego están las que se han celebrado este jueves en el Reino Unido. Un país votando a unos representantes para participar en una organización supranacional de la que se quieren marchar, pero no saben cómo hacerlo. Una primera ministra que se mantiene milagrosamente al frente, pero con la misma influencia que su país en la UE. Es decir, sin atisbo de verlas venir. Un nuevo partido al alza liderado por Nigel Farage, el mismo que lleva décadas cobrando de la Eurocámara mientras nos regaña diciendo que la institución no sirve para nada.

Es un buen momento para recordar la jugada maestra de David Cameron, probablemente el peor primer ministro de la historia británica. Convocó el referéndum para frenar el ascenso del UKIP y garantizar la permanencia del Reino Unido en Europa durante décadas. Sabíamos que sus planes se torcieron. El 'brexit' sorprendió a todos y puso a su país en un camino imposible: salir de la UE y lograr las maravillosas ventajas -más bien mentiras- que vociferaron los vencedores. Pero lo peor podría estar todavía por llegar.

Las encuestas de las elecciones europeas en Reino Unido -los resultados se conocerán el domingo- sitúan al nuevo partido de Farage, el Partido del Brexit, en primera posición. La formación de Theresa May podría quedar en cuarto o quinto lugar y obtener menos del 10% de los votos. Los 'tories', un partido acostumbrado a arrasar, están siendo arrastrado al abismo por los coletazos de un monstruo de su propia creación.

El Partido Conservador ha sido tradicionalmente un fiel reflejo del 'establishment' británico. Ahora es una jungla. Hemos perdido la cuenta de las veces que May ha estado a punto de caer. Casi las mismas que el Reino Unido ha estado a punto de salir. La primera ministra vive su enésima revuelta interna porque ahora trata de aprobar el acuerdo de salida con algunas concesiones a los proeuropeos, como la posibilidad de realizar un segundo referéndum. Su plan inicial de ignorar a todos
los que votaron a favor de la permanencia fracasó. Su intento de tender la mano parece que lleva el mismo camino.

El Reino Unido necesita pasar página, pero no sabe cómo. Un país acostumbrado a influir en Europa y en el mundo se está empequeñeciendo a un ritmo insospechado, ausente de las grandes cuestiones mientras es cruelmente torpedeado por un plan que prometió recrear una Gran Bretaña "verdaderamente global".

El resultado de las europeas apunta a una división similar a la del referéndum. Ni los partidarios del 'brexit' se han arrepentido masivamente -como ingenuamente se piensa a la otra orilla del Mar del Norte- ni los europeístas han cambiado de opinión. Un referéndum con dos opciones en una sociedad partida en dos agranda la división. Y los 'tories' siguen sin entenderlo: los candidatos oficiosos que levantan sus espadas para suceder a May prometen una irresponsable carrera por situarse como los mas feroces representantes del 'brexit'. Mientras tanto, el laborismo sigue desaparecido.

Temas: Brexit