14 jul 2020

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Elecciones municipales

Oriol Junqueras conversa con Gabriel Rufian, en el Congreso de los Diputados.

J.J. GUILLEN (EFE / POOL)

Llegó el Comandante y mandó a parar

Sergi Sol

El PSOE teme a la ERC de Junqueras, que, tras estas elecciones, puede meter un zarpazo al PSC en su corral, la región metropolitana

Andan agitadas las aguas, cuando se remueve el lodazal se vuelven turbias. También dentro del independentismo. Los palos que se lleva ERC de los sectores más nacionalistas y retrógradossin escatimar insulto alguno, son la expresión más hilarante de una situación de represión y excepcionalidad política que permite ver cómo el Estado pide una condena perpetua a Junqueras por el 1 de octubre y simultáneamente algunos, desde el polo opuesto, le dan hasta en el carnet de identidad.

Parece como si Junqueras provocara el rechazo visceral, incluso odio, de los extremos. Aunque, tristemente, en uno de esos extremos estén los mismos aparatos del Estado. Oriol Junqueras, con Gabriel Rufián como escudero, viene de ganar las elecciones españolas, un hito histórico, puesto que es la primera vez que una formación republicana e independentista gana ese tipo de elecciones donde se vota el Gobierno de España. Lo insólito, además, es que el candidato ganador está en la cárcel. Eso no había ocurrido jamás en Europa.

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Cabe recordar que en las elecciones catalanas del 21-D de 2017 solo se silenció a Junqueras. A nadie más, al punto de que cuando dispuso de una llamada personal de cinco minutos para hablar con Jordi Basté, para RAC1, la prisión de Estremera le expedientó y sancionó. En las elecciones españolas sí se pudo escuchar su voz, aunque no con pocas limitaciones. Pero a Junqueras, como a Messi, no se le puede dar un metro, porque revoluciona el partido. Su irrupción consolidó la campaña de ERC con Rufián a la cabeza. Rufián ya se ha hecho grande, enorme, al lado de ese hombre entrañable que es Joan Tardà, que le ha cuidado como si de un hijo se tratara. Y en el tramo final Rufián se vió aupado a hombros de un gigante. Las encuestas internas vaticinaban ya un gran resultado con Gabriel Rufián. Luego, llegó Oriol. Se acabó la diversión. "Llegó el Comandante y mandó a parar", que cantaba Carlos Puebla.

Grave atropello

Así como en el caso del rechazo a la candidatura de Puigdemont, fue esa bochornosa Junta Electoral quien cometió el atropello, y luego la mismísima Fiscalía quien salió en defensa de Puigdemont; en el caso de Junqueras, la cosa es muchísimo más grave. Es la prisión de Soto del Real quien dió la puntilla a Junqueras. O sea, el Gobierno de Pedro Sánchez. Porque el director de esa prisión es un inferior jerárquico del Ministerio de Justicia. O sea, el PSOE de Pedro Sánchez, a quienes el binomio Junqueras-Rufián hurtó la victoria en Catalunya.

Lo de Iceta es discutible. Y seguro que sin la proximidad de las elecciones todo hubiera tomado otro cariz. Pero eso no quita que, en esta ocasión, haya sido el Gobierno español el responsable directo de interferir en el curso de unas elecciones. El PSOE no teme, como rival, en las municipales en Catalunya a los de Puigdemont. El PSOE teme a la ERC de Junqueras, que, tras estas elecciones, puede meter un zarpazo al PSC en su corral, la región metropolitana, donde el PSC tiene sus caladeros y donde conserva buena parte de su poder de antaño.

Junqueras, una amenaza electoral

Puigdemont no representa amenaza alguna para el poder territorial del PSOE. Junqueras, sí. Y lo saben. Por eso lo quieren borrar de un plumazo. Lástima que para ese menester cuenten con aliados antagonistas. No nos llevemos a engaños, lo del Parlamento Europeo es secundario y simbólico ante lo que de verdad se dirime en Catalunya, que no es otra que dilucidar si Badalona, Sabadell, Terrassa, Rubí o Mollet del Vallès, entre otras muchas ciudades, incluída Lleida por ejemplo, caen del lado de los republicanos y alianzas varias o las retiene el PSOE y sus pactos con Ciudadanos. No hay otra, excepto Barcelona, donde Colau urge a pactar con el PSOE para retener la Alcaldía. Y en esa encarnizada lucha, los posconvergentes ni pinchan ni cortan. Tal vez puedan ser, con alguna excepción, muleta en alguna ciudad metropolitana. Pero, a lo sumo, actores secundarios. Por eso Junqueras y ERC están hoy en el punto de mira, de unos y de otros. ERC es el nuevo actor político emergente, el único en condiciones de poder airear grandes ayuntamientos que ya huelen a moho y a paredes roídas.