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Batet y Cruz

La nueva presidenta del Congreso, Meritxell Batet, en el hemiciclo.

DAVID CASTRO

Bomberos

Emma Riverola

La denostada democracia española fue capaz de albergar todo lo que sucedió en la constitución del Congreso y el Senado

Fórmulas reivindicativas de juramento de la Constitución, camisetas de denuncia exhibidas desde el estrado, toma al asalto de asientos como declaración de intenciones, pataleos y exabruptos vergonzosos, presencia de políticos electos en prisión preventiva… la denostada democracia española fue capaz de albergarlo todo, de soportarlo todo, y el discurso impecable de Meritxell Batet la dignificó: “Ninguno de nosotros individualmente ni ninguno de nuestros partidos por sí solos representa en exclusiva a España ni a ninguno de sus territorios ni a la voluntad de toda la ciudadanía. Cada uno de nosotros somos del pueblo, pero ninguno somos 'el' pueblo. En todas partes hay un otro distinto y legítimo”.

Bastaría con asumir estas palabras y abandonar la visión narcisista de la política, tan cercana a la proyección del ego, para que todo fuera posible, incluso ser capaces de trabajar por un presente y un futuro mejor para todos.

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Otra forma de hacer política es posible, y lo han demostrado los flamantes presidentes del Congreso y el Senado. Con sus discursos comprometidos con la democracia, pero también con sus gestos. Batet, enfrentándose con respeto y firmeza a las protestas hiperbólicas de Albert Rivera (cada vez más una caricatura). Y Manuel Cruz, frenando el atropello del popular Rafael Hernando al juramento de Raül Romeva. Viene una legislatura complicada. Al menos, tenemos bomberos y no incendiarios a los mandos.