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análisis

La primera ministra del Reino Unido, Theresa May.

REUTERS / CHRIS RATCLIFFE

El último truco de May

Josep Martí Blanch

En plena zozobra conservadora, vapuleados en las municipales y convencidos de recibir un nuevo y severo correctivo en las elecciones europeas del próximo domingo, los 'tories' ven como Theresa May saca de su chistera otra vez el conejo de siempre

Theresa May es un caminante blanco y en unas semanas es más que probable que el acero valyrio del 'brexit' la convierta definitivamente en polvo de estrellas. Podríamos haber escrito zombi, pero la palabra está ya gastada para referirse a la primera ministra y esta es la semana del guiño permanente a 'Juego de Tronos'.  

En plena zozobra conservadora, vapuleados en las municipales y, según todas las encuestas, convencidos de recibir un nuevo y severo correctivo en las elecciones europeas del próximo domingo, los 'tories' ven como Theresa May saca de su chistera otra vez el conejo de siempre  para llevarlo otra vez al Parlamento y tratar de bautizarlo, milagro de por medio, a la cuarta intentona. Por probar que no quede.

El conejo-acuerdo ha sido tuneado para la ocasión. Ahora May ofrece que, una vez aprobado, el Parlamento podrá decidir si quiere convocar un nuevo referéndum del 'brexit' y también la cámara podrá establecer si el Reino Unido se queda en la unión aduanera. Añadan algunos caramelitos más del gusto de los laboristas al redactado, como una declaración de derechos de los trabajadores e ir de la mano con la UE en cuestiones ambientales.

Nueva pirueta

Dado que la negociación con el líder del laborismo, Jeremy Corbyn, acabó recientemente sin acuerdo y que cada paso que la primera ministra intenta para satisfacerlos cabrea aún más a su partido, resulta inimaginable que esta nueva pirueta pueda conducir a ninguna parte más que al punto final, esta vez sí, de Theresa May. Ya no hay víveres en el laberinto en el que anda metida.

En el escenario improbable, casi inimaginable, de que consiga sacar adelante su acuerdo debe irse porque así lo prometió. Pero también en el caso, más probable, que fracase de nuevo su compromiso es también poner fecha formal en el calendario para hacer las maletas y abandonar Downing Street.

Theresa May ha llegado al punto en el que todos los gobernantes, viendo ya la orilla en la que toca desembarcar, dedican toda su energía a imaginar con qué líneas van a ser incorporados a las enciclopedias. Y ella quiere ser recordada como la persona que hizo posible un 'brexit' razonable que daba una salida a lo que habían votado los británicos sin arriesgar del todo con las cosas de comer. En tiempos de liderazgos frágiles, su historia es la de tantos, atrapada entre maximalismos, su política de matices, lejos de sumar aplausos de ambos bandos, recibe abucheos desde todas las posiciones.

Interpretar un fanfarria

Basta que en el continente se escuchen las palabras “segundo referéndum” en el Reino Unido para que todo el mundo coja una trompeta para interpretar una fanfarria sin fin creyendo que la pesadilla del 'brexit' va a acabarse a través de una rectificación. No corran tanto. Sólo están asistiendo a un nuevo truco pertrechado con la excusa de un trato imposible.

El domingo, cuando cierren los colegios electorales y empiece el escrutinio, tendrán la oportunidad de salir de dudas sobre cuanto han cambiado los británicos respecto a su idea de Europa desde el referéndum: nada o casi nada. El 'brexit' es un caballo salvaje y May se ha roto la crisma tratando de domarlo, igual que va a pasarle a quien la sustituya. Sólo Nigel Farage seguirá disfrutando en este rodeo.