Dos miradas

Cultura

Una sociedad que expulsa de la cultura a la gran mayoría de sus ciudadanos apuesta por perpetuar la desigualdad

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Ada Colau y Joan Subirats, durante la presentación de la primera edición de la Biennal del Pensament.

Ada Colau y Joan Subirats, durante la presentación de la primera edición de la Biennal del Pensament. / Pau Cortina / Acn (ACN)

Asomados a las ventanas vemos el trajín de las calles. El televisor, la radio o el ordenador repiten las mismas ideas dichas de formas distintas. Las redes gritan también las consignas. Hoy toca odiar a uno, admirar a otro, necesitar esto, desdeñar lo otro. Un mundo uniforme se conforma desde los intereses económicos y políticos, que también son económicos. Una capa de homogeneidad que inclina nuestra mirada, siempre pegada al suelo, el lugar donde crece el egoísmo. Solo hay una palanca que consigue elevar ese manto y voltearlo, observar sus costuras, descubrir sus rotos y, de paso, ver lo que prefieren que no veamos.

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“El 80% de la población de Barcelona no hace actividades culturales, y es un déficit claramente marcado por el nivel de renta y educativo”, afirma Joan Subirats, comisionado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona y número dos de la candidatura de Barcelona en Comú a la alcaldía de la capital catalana. Ocho de cada diez personas.

La cultura nos regala tiempo para vernos y para pensarnos, para detenernos y reflexionar sobre nuestras vidas, sobre lo que realmente importa o, simplemente, para evadirnos y escapar de los mensajes que insisten en dictar cómo debemos vivir nuestras vidas. Una sociedad que expulsa de la cultura a la gran mayoría de sus ciudadanos, los menos favorecidos económica y educativamente, es una sociedad que apuesta no solo por la desigualdad, sino que pretende perpetuarla.