20 feb 2020

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OPINIÓN

Messi le gana el mano a mano al portero del Eibar.

Tarde lluviosa de domingo

Jordi Puntí

Apelar a Griezmann como solución no creo que sea la mejor forma de aliviar el vacío generado tras la derrota en Liverpool

Como las oscuras golondrinas, que volverán en tu balcón sus nidos a colgar, vuelven también los rumores de fichajes, aunque este año parece que se han adelantado unas semanas. Será el cambio climático. Los directores deportivos hablan de planificar la próxima temporada, pero en realidad cuando aparecen los posibles fichajes son sobre todo como consecuencia de una crisis. Ahí está el Real Madrid, cambiando cromos con clubes de media Europa para tapar una de las peores temporadas que se le recuerdan. Y ahí está también el Barça, todavía noqueado por la eliminación en la Champions, que intenta filtrar nombres para ilusionar de nuevo a la afición. Primer error: el baile de jugadores, de deseos y vetos del vestuario, nos sitúa fuera del ámbito competitivo, con una final de la Copa del Rey por jugar.

De hecho, uno se pregunta si el Barça no se habrá deprimido antes de hora. El equipo tiene la oportunidad de igualar los registros de la pasada temporada en cuanto a títulos, pero la sensación de debacle lo contamina todo. ¿En qué momento la Champions se convirtió en el título principal? ¿Cuando le compramos esa idea funesta al Real Madrid? Veo la forma de celebrar la liga por parte del Ajax y del Manchester City, y me pregunto si la alegría desatada de sus jugadores y afición no es también un reflejo de su forma de jugar. De su forma de ganar, pero también --más importante-- de su forma de perder y quedar eliminados. Acaso sea esta la diferencia con el Barça: la derrota en Liverpool nos dejó colgados en el vacío, como si debajo de los pies no hubiera nada.

Apelar a Griezmann como solución, ahora mismo, no creo que sea la mejor forma de aliviar ese vértigo. Las cifras millonarias que se mueven me llevan a abrir una puerta del pasado: que entre otra vez, por favor, la portera de Núñez. Con su facilidad para fichar a golpe de talonario, ella nos recordará que lo difícil es fijarse en Ter Stegen antes que nadie, reconocer a Arthur, arriesgarse con Umtiti, Lenglet, quizá Todibo. Me niego a creer ese mensaje que algunos intentan filtrar interesadamente: que no hay ahora otro jugador como Griezmann para el Barça del futuro. Como decía Josep Pla, no me sean sosos ni pesados. Vamos, que los ojeadores ojeen más y mejor.

Otra de las formas de distraer los ánimos de estas semanas ha sido confirmar a Valverde como entrenador. Segundo error: todos sabemos que este tipo de afirmaciones son la antesala del patíbulo. Más presión para la final. Hace unos días, aparentemente para respaldar a Valverde, Ronaldo Nazario da Lima afirmó que es injusto decir que los partidos del Barça los gana Messi y los pierde Valverde. A mi me parece que eso ha sido exactísimo en la mayoría de encuentros de este año, pero ¿qué ocurre cuando el Barça empata? Ayer en Eibar, por ejemplo, en esa tarde triste y lluviosa de domingo, como si la meteorología también fuese blaugrana: dos goles de Messi y Valverde que veía el partido como un intento "para recuperar sensaciones". Yo como mínimo recuperé una: la sensación de que Cucurella debe gastar mucho más dinero en champú que Arturo Vidal.